ESTAMOS todos tan enfrascados discutiendo lo de la destrucción de España, por lo de los estatutos y del Gobierno bipartito de Galicia, y debatiendo lo de la destrucción de la familia por lo de la unión de gais, que a poco se nos pasa desapercibida la reconstrucción iraquí. Porque mientras en nuestro país nos dedicamos a despedazar, hay quien afortunadamente hace lo contrario y reconstruye. Andan estos días de vacaciones los radiopredicadores madrileños y determinada clase política un poco alporizados porque el Gobierno de Touriño y Quintana lo que va a hacer, en el fondo, es destruir España. Como ya la están destruyendo todos los otros nacionalismos. Catalanes y vascos incluidos. La preocupación por el despedazamiento de la geografía española es tan evidente que algunos ni logran conciliar el sueño. No menos preocupante es la destrucción de nuestras familias, con el invento ese de la unión de los gais. El Foro de la Familia está que echa chispas. Como lo están Aquilino Polonio, algunos obispos, algunos curas, algunos muy católicos y algunos muy del PP. Tan mal va la cosa, tan destrozones estamos unos, que los otros no han tenido más remedio que ocupar las calles con protestas. Porque de no ponerse remedio, acabaremos destruyéndolo todo. Y, sin embargo ni los que votaron a la guerra, ni los que los votaron a ellos, han salido a la calle para apoyar y congratularse de la reconstrucción en Irak. Bush está obstinado en construir un país nuevo. Y no se le valora la tarea tan ardua de cimentar un Irak con más de todo. Más corrupción, más cementerios, más destrozos, más heridos, más incertidumbre, más miseria y más caos. Decía Enrique Jardiel Poncela que lo único que no se ve es lo que está al alcance de la vista. Que debe de ser lo que les ocurre a algunos en este país.