Sesión vermú

OPINIÓN

DURANTE estas semanas de santos patronos, el corazón de Galicia late al compás que marcan las orquestas. Y como todos los santos tienen su octava, hay festa rachada hasta que las primeras lluvias del otoño bendigan el San Froilán lugués y cierren la romería permanente por As San Lucas mindonienses cuando ya los fríos anuncian la proximidad de noviembre. Añoro las sesiones vermú aldeanas, las fiestas de atrio y prado, la procesión acompañada de los mismos músicos que cantaron la misa mayor de Perossi, y que al mediodía subirán al escenario para interpretar música no bailable. En el repertorio estaba siempre El sitio de Zaragoza o Las bodas de Luis Alonso , y asistíamos al meritorio concierto como quien escucha una ópera en la Scala o se deleita oyendo a la Filarmónica de Boston. No había trailers-escenario, ni música pregrabada y el vocalista se llamaba animador y cantaba coplas por Farina o Valderrama. Invariablemente, el sol que separa las mañanas de las tardes nunca se perdía las sesiones vermú, al igual que la luna que espiaba los fuegos artificiales y de lucería que cerraban las noches de fiesta. La gravedad más seria la ponían las notas del bombardino y todos los chavales queríamos tocar el trombón de varas circense y travieso o la trompeta con su pregón de vientos. Tengo grabada en mi memoria la foto fija de aquellos días tan lejanos que forman parte de mi particular arqueología sentimental. Hay un eco de las grandes orquestas del país, de la banda sonora popular y campesina, Los Trovadores, Satélites, Sintonía de Vigo, Variedades de Viveiro, París de Noia, Alborada de Ourense, formaciones míticas que son parte de la leyenda. Galicia en las canciones, en la melodía de los veranos, gloria a los músicos todoterreno que procedentes de las laureadas bandas militares y del muy noble gremio de los zapateros, han transportado las notas del pentagrama por toda la geografía gallega. No volverán nunca de la lejana patria de mi juventud. Les debo un homenaje de gratitud, les debo un baile, un pasadoble o un merengue, que no pienso posponer para otras kermesses. ¿Bailamos?