ESTABA yo en el mismísimo intre de ejercer mi derecho de autodeterminación para siempre jamás amén de Carod Rovira por la vía rápida, que no sé si es constitucional o no y me importa un pito, pues la tal vía ya me dio muy buenos resultados con Otegui para llenar el espíritu y el calendario con la soberana paz de ¡lixos fóra! Estaba, digo, en ese grato intre, cuando vino a distraerme una información todavía capaz de sorprenderme en estos tiempos en que ha caducado incluso aquella «parajoda» con la que lustros atrás un amigo en los Madriles quería significarme lo esperpéntico y absurdo del franquismo y su política terminal: «Si te dicen que el Nuncio de Su Santidad toma la alternativa en Las Ventas, no preguntes más y echa a correr para no perdértela». ¿Y qué noticia era la que todavía podía conmover mi «athambía», por decirlo en farde griego? Les hablo, con Demócrito, de estar curtido ante toda novedad y de no pasmarme ante nada; o sí pasmarme, por ejemplo, ante el experimento de nada menos que enviar semen de cerdo al espacio. Entiendan mis querid@s lectores/lectrices que en mi pasmo no había la menor nota de afectación personal, de darme por aludido o implicado, al menos en lo del semen y en lo del espacio, pero no dejé de castigarme las neuronas con lucubraciones de qué pintarán los espermatozoides porcinos allá, en las esferas siderales, con riesgo grave de ir a dar a un agujero negro sin bellotas ni grelos, es decir, con riesgo grave de un desperdicio genético y de una debacle cósmica, biológica, cultural y culinaria. Si leo que se enviará semen de oso al espacio, pues lo tengo claro desde el primer momento. O «in vitro» o «polas silveiras» -¡qué prosa culta y técnica la de hoy!- está claro que el proyecto es que la Osa Mayor no se sienta sola con su Osa Menor y pueda alegrarnos la noche con novedades plantígradas que de un momento a otro yo disfrutaría en mi terraza, cuando la Osa y familia remonten A Cha de Moiras, la mole pelada por la que trepa el vericueto sádico y rebirichado que sube hacia A Cañiza desde mi Miño de Cortegada, punto preciso en que la Sabiduría Divina instituyó el Veraneo Perfecto. Tal vez en la actual política de bodas y coyundas mejor que el envío de semen de cerdo al espacio sería enviarles compañer@ sentimental a Tauro, Leo, Aries, etc. A Piscis se le enviaría compañía, pero con prohibición expresa de que fuesen fanecas o escalos. A Virgo no se le enviará nada por aquello de ya lo dice la palabra¿ Capricornio ya va servido. Semen de cerdo al espacio. La cosa choca y sugiere otras alternativas para rellenar mejor tantos kilómetros cúbicos de bostezo cósmico: ¿semen de elefante? ¿semen de ballena? ¿deuda histórica? Pero si los gallegos del futuro, allá por el 2100, tienen la doble fortuna de inaugurar el AVE a Madrid o a Lisboa y de ser ya veteranos en coger la aeronave de las 12.40 o de las 17.10 para irse al satélite a tomar un lacón o un raxo de cerdo sideral, los felicito.