El problema es la soledad

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

01 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LA LEY Electoral española es buena. La mejor prueba es que está vigente desde 1.978 y ha servido bien al pluralismo de este país. Pero, como algunas fincas del Sur, es manifiestamente mejorable, al menos en dos aspectos: permite que gobiernen partidos perdedores, si son capaces de formar una coalición, y otorga una discutible presencia a los nacionalismos en las Cortes. El PNV o Esquerra Republicana pueden conseguir un número de escaños superior al de otros con el triple de votos en todo el territorio nacional. La vieja Alianza Popular, el CDS o Izquierda Unida han sufrido esa realidad a lo largo de todo el periodo democrático. Por eso, cuando Mariano Rajoy anunció ayer que en septiembre pondrá sobre la mesa un gran debate sobre la reforma de esa ley, puso el dedo en la llaga de un gran problema político de este país. Rajoy sangra por la herida de Galicia; pero tiene que ser doloroso ganar esas elecciones, quedar a un escaño de la mayoría absoluta, conseguir 12 escaños más que el partido siguiente y 24 más que el Bloque, y pasar a la oposición. «Es legal», reconoció; pero es doloroso y, en cierto modo, injusto. No es, además, la primera vez que ocurre. En las autonómicas de 2003, la alianza de socialistas y regionalistas de Cantabria le birló el gobierno de esa comunidad. En Madrid, si Tamayo no hubiera traicionado al PSOE, hubiera ocurrido lo mismo. Es como un drama que sufre el PP: al no tener con quien aliarse, salvo en Navarra, Canarias y poco más, pierde constantemente cuotas de poder. Está «condenado» a ganar siempre por mayoría absoluta en los ámbitos autonómico y municipal. Ahora bien, que no se equivoque Rajoy. No creo que la actual mayoría parlamentaria esté por seguir sus intereses en la reforma de la Ley Electoral. Hace unos días tuve la oportunidad de hablar de modo informal con el Presidente del Gobierno, y no le encontré ninguna intención de acometerla. Al revés: hizo elogios de la norma actual, como los habría hecho Rajoy antes del 19 de junio. Y no hay que ser ningún profeta para anunciar que es difícil que haya alguna vez un gobierno en España -ni siquiera uno del Partido Popular-con el arrojo suficiente como para corregir el "exceso" de los nacionalismos. ¿Alguna dificultad más? Sí: se podrá conseguir que gobierne la lista más votada, sea del partido que sea. Parece lo más limpio y acorde con el deseo de la mayor parte de la sociedad. Pero el problema empezaría al día siguiente: esa lista más votada, si no tiene la mayoría de los escaños, caería ante cualquier moción de censura o cuestión de confianza. Lo que ganaríamos en limpieza lo perderíamos en estabilidad. Y es que, señor presidente del PP, el problema de fondo es la soledad.