La plantilla del cambio

|XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

MANUEL Fraga, que encabezaba la opción más votada, dice que los gallegos le votaron a él. Pero Touriño y Quintana, que iban en las listas segunda y tercera, dicen que el pueblo ha votado por el cambio. La base de ese juego retórico no es otra que el sistema parlamentario, que, lejos de reducir la gobernabilidad al hecho electoral, propicia y legitima las mayorías formadas en torno a un programa común. Dentro del sistema político de la transición, que funciona como un reloj, los líderes de la izquierda tienen todo el derecho a decir que su pacto se hace en cumplimiento del mandato popular. Y por eso me extraña que, sin atreverse a proponer un sistema electoral alternativo, Mariano Rajoy esté cayendo en la trampa de impulsar una reforma absurda -la de que gobierne la lista más votada- sin más motivo ni razón que la de aplazar la interiorización y las duras consecuencias de su cuarta derrota. Así las cosas, lo que más interesa a los gallegos es definir el cambio, para poder controlar las evoluciones de un pacto que va a mezclar en abundancia el trigo con la paja. Por eso voy a dar cuatro claves para medir ese cambio, como si fuesen la plantilla mágica que hace saltar los desajustes. La primera clave está en la estructura de la Xunta y en el aseo funcional de la Administración. Si forman un Gobierno ajustado a las necesidades, con reducción de departamentos y altos cargos, y con líneas transparentes de autoridad, tendremos cambio. Pero si siguen pululando los asesores y altos cargos, si las consellerías son un galimatías hecho a la medida del pacto, y si se mezclan las necesidades de los partidos con malas copias del Estado, estaremos donde siempre. La segunda clave está en el marco de referencia. Si hacemos una Xunta para ejercer nuestras competencias y rentabilizar nuestros recursos, y si medimos la eficacia por lo que nos toca hacer, tendremos cambio. Pero si volvemos a la megalomanía de Estado, al populismo barato y estéril, a darle consejos a Bruselas, y a transferir problemas a la Moncloa, no nos habremos movido. La tercera clave será la cultura política. Si entendemos el poder como un instrumento de transformación, y si ese poder se ejerce con el estilo sencillo y democrático de los países avanzados, tendremos cambio. Pero si volvemos a programar los recursos en función de los votos, si seguimos hipotecados por elites exangües, si le cogemos el gusto al taconazo de la Guardia Civil, y si mantenemos el discurso ramplón y demólatra que siempre habla a gusto del consumidor, estaremos donde siempre. Por último, si el objetivo es Galicia, tendremos cambio. Pero si el objetivo vuelve a ser el Plan Galicia, seguiremos en el pantano.