NO ESTÁ en cuestión que el eje París-Berlín es uno de los motores esenciales, si no el principal, de la construcción europea. Lo que ha cambiado, al menos a corto plazo, es su capacidad operativa, tras la derrota de Chirac en el referéndum francés sobre la Constitución europea, y las escasas posibilidades de Schröder de continuar en el poder en Alemania. Dicho en pocas palabras, el eje atraviesa uno de sus peores momentos por el hecho, siempre complejo, de que los actuales dirigentes máximos de Francia y Alemania están lejos de gozar del fervor popular. Esto neutraliza y desac-tiva, de momento, el liderazgo franco-alemán y da alas a propuestas alternativas que, en otro caso, no tendrían tanto eco. Me refiero a las que precocina Tony Blair en su fogón de la «tercera vía», que tiene la virtud de no perder nunca de vista los deseos de la ciudadanía. La actualidad tiende a devorar el pasado y sustituirlo por simplificaciones confusas, cuando no tergiversadas. La Constitución europea no se hizo contra nadie, pero tampoco se pudo hacer a satisfacción de todos. Y los insatisfechos se conjuraron en un «aquí te espero, Constitución», en el difícil y escarpado Paso de los Referendos. Porque no todo había sido conciliado, ni era posible hacerlo. La izquierda francesa quería vengarse no sabía muy bien de qué (de algo que tenía la cara de Chirac), los holandeses andaban a vueltas con su rechazo a la inmigración, y los demás estaban a verlas venir. Y tuvo que ser Francia, ese país que nos lideraba en la construcción europea, quien les diese a todos los descontentos la oportunidad de resarcirse y vengarse. ¡Vaya por Dios! A Giscard d'Estaing se le olvidó conciliar a los trotskistas con los seguidores de Le Pen, y estos se la guardaron, unidos en una extraña e inesperada fraternité . Ahora es el turno de Tony Blair, un europeísta sui generis que se declara dispuesto a modernizar Europa. Pero modernizar la UE es impulsar su unión política y aprobar la Constitución. Sorprendería que esto lo consiguiese un británico. Sería un milagro. Lo cierto es que hoy comienza el semestre británico al frente de la UE, con el compromiso de reformar la Política Agraria Común (PAC) y conseguir un acuerdo presupuestario. Y hay expectación.