Yo, yo y yo

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

SEGURO que conocen a alguno. Se quieren con locura, sobre todo a ellos mismos. Adoran la primera del singular. Primero, yo, después, yo, y, al final, por si había alguna duda, por supuesto, yo. Hablo de los que tienen el ombligo elevado a la enésima potencia, la suya. No te preguntan sinceramente ¿qué tal estás? En realidad se preguntan ¿qué tal estoy? En seguida se autocontestan: yo muy bien, bla, bla, bla. No se dan cuenta que uno solo no es la suma de nada. No escuchan. Se oyen a sí mismos. No trabajan en equipo. Buscan público, aplausos, aduladores, miembros de su secta. No saben qué es amigo, hermano. Son los reyes del yoísmo. Todo les pasa a ellos o pasa por ellos. El mundo gira porque ellos están vivos. Están encantados de conocerse. Adoran salir en los periódicos. Pero no les sacia ni la primera página. Están hechos a imagen y semejanza de sí mismos, onanistas puros. Ellos se lo guisan y se lo comen. Creen que todo sucedió porque ellos estaban ahí. No soportan que otros reciban homenajes o que salgan a hombros. Es una pena que adoren tanto la primera persona del singular cuando es tan bonito decir tú y él, o contagiarse en plural, nosotros, vosotros. Son ruines, augustos, sólo pisan su sombra. cesar.casal@lavoz.es