24 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ES LA palabra de moda al hablar de la situación actual de la Unión Europea. Crisis. El próximo día 1 de julio comienza la presidencia británica, con un Tony Blair que ha desconcertado a muchos proclamándose «apasionado europeísta» y ofreciéndose para liderar el cambio necesario (que ya no sería, obviamente, el que propone el eje franco-alemán). Las caras de Chirac y Schröder han envejecido de repente, repobladas de arrugas. Porque, ¿qué quiere decir ese laborista británico cuando se pregona también partidario de la unión política? ¿Están manejando todos el mismo idioma? Crisis. Es la palabra que define el estado de la cuestión. Y todos, haciendo de la necesidad virtud, han empezado a ver cómo aprovechar el apurado brete para avanzar. Así lo admiten ya los que muy pronto serán líderes de Europa: el francés Nicolás Sarkozy, la alemana Angela Merkel y (tómese nota de la novedad) el británico Tony Blair. El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, debe estar en esa primera línea, como lo estaría un Felipe González que se ha apresurado a recordarnos que los avances más serios en la integración europea se han hecho «a golpe de crisis». Chirac y Schröder están diciendo lo mismo, aunque todavía no lo saben.