HAY CIUDADANOS que creen en las encuestas, claro que sí. Y muchos de ellos, a la vista de lo que parecen preludiar las que se han hecho en Galicia, andan felicitando por adelantado a socialistas y nacionalistas, no vaya a ser el demonio que lleguen tarde. Llegar tarde, ¿a qué? No está muy claro, pero, como me dijo ayer un empresario, «no es lo mismo estar mal situado que estar bien, tú me entiendes». Y lo entendí a la primera. Lo malo es lo que vino después: una catarata de preguntas sobre lo que, en mi opinión, podía ocurrir el próximo domingo (es decir, más allá de lo que dicen las encuestas en las que él dijo creer). Le respondí la verdad: aparte de mis deseos, no dispongo de ningún dato secreto que pueda despejar su duda. Sin embargo, la cosa no quedó ahí. Siguió contándome que Touriño ya habla como presidente (en lo que estuve de acuerdo), pero inmediatamente me aclaró que Fraga también. Y comprendí que ahí estaba el nudo gordiano de sus tribulaciones. Mi amigo está seguro de que el PP luchará hasta el final por ganar, pero detecta que algunos preparan la recogida de los bártulos por si las cosas vienen mal dadas. Y eso no le gusta. Porque él cree en los sondeos, pero también cree que se pueden equivocar, como ilustra la historia de tantas citas electorales. ¿Es que algunos en el PP han dejado de creer que las encuestas se pueden columpiar? «Porque tú crees en las encuestas, ¿no?», volvió a preguntarme con insistencia. Le dije que sí, pero que la única que valía era la del día 19. Me miró con desapego: no le estaba ofreciendo la luz que necesitaba para moverse estos días. «Ya podían estar más claras las cosas», se le escapó. Le dije que para unos estaban claras y para otros, no, como era su caso, pero que ambas posiciones eran igualmente legítimas e inciertas. «Es que, para colmo, esta vez no todos podrán decir que han ganado, como en otras elecciones», sentenció. Le dí la razón. Esta vez habrá ganadores y perdedores, se pongan como se pongan. Y empecé a pensar en todas esos ciudadanos que, no siendo políticos, se sienten muy concernidos o afectados en sus intereses por los resultados, a favor o en contra. Casi no se habla de ellos, pero existen. Y tienen el alma en vilo.