GALICIA necesita ventilación. Se ve desde la precampaña electoral. Huele a naftalina, a franquismo, a cacique que acarrea votos como si no hubiera llegado la cultura de la democracia que permite que el voto sea la expresión voluntaria y secreta de cada ciudadano ante las urnas. Galicia necesita abrir las ventanas para que salga el aire viciado durante tantos años, con olor a empanada rancia que hasta en eso marca las diferencias. Marisco y otros manjares para las reuniones con los empresarios. Empanada con mucha cebolla para los paisanos do Monte do Gozo. Galicia no puede consentir que al presidente de su Gobierno lo termine designando la junta directiva nacional del Partido Popular, desde Madrid, a propuesta de los herederos del aznarismo. Un aznarismo que tras perder las elecciones generales, no ha sido capaz de asimilar la voluntad del pueblo, de las víctimas de los trenes del 11-M, que como decía Pilar Manjón, cometieron el error de no haber sido asesinadas por ETA, que era el guión previsto desde la fontanería de la calle Génova, en Madrid. Un Mariano Rajoy que ahora, a la vista de las encuestas, trata de salvar la piel, dejando claro (¿) que no es él quien se presenta para presidir la Xunta, pero se olvida que hizo desembarcar a sus hombres tras un tal Núñez que dicen es de Ourense y que vino acompañado de todos los que se habían quedado cesantes tras la pérdida del poder en el Estado. Por cierto, algunos de ellos en la sanidad gallega ofreciendo subidas de sueldos a los médicos, con la más absoluta de las desvergüenzas, teniendo en cuenta que el resto del personal del Sergas sigue esperando unas condiciones dignas de trabajo estable y salario. Me temo que al final le echarán la culpa a don Manuel, por la manera que tuvo de llevar la campaña, por sus improperios mandando al carajo a unos, llamando gamberros a otros, señalando que las mujeres están para parir, o advirtiendo en el colmo del delirio, de que un Gobierno PSOE-BNG traería a ETA a Galicia. ¿Pero es que no conocen a las personas? No me extrañaría que algún listo estuviera tratando de negociar una salida para coaligarse desde un presunto galleguismo con el socialismo. Es preciso que el viento se lleve el pasado. Los gallegos tenemos derecho al cambio cultural, a no tener que pedir favores cuando nos corresponde por derecho social o mérito. Incluso tenemos derecho a equivocarnos, sin la tutela de los de siempre.