La campaña de las dos coaliciones

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

HE ESCRITO en alguna ocasión que el 19-J no tenemos más remedio que optar entre dos grandes coaliciones. Una, la formada por socialistas y nacionalistas; otra, la que configuran, todavía bajo las mismas siglas, boinas y birretes. Los hechos posteriores han confirmado plenamente aquella opinión. Pero mientras la primera coalición está sólidamente articulada alrededor del PSdeG y de su líder Pérez Touriño y gana cada día credibilidad y coherencia, la segunda, la conservadora, presenta perfiles cada vez más difusos, un incierto futuro y un liderazgo ignoto. Todo ello está aflorando con mucha fuerza en la campaña electoral. En efecto, socialistas y nacionalistas parecen haber dejado atrás viejas disputas, evitan conscientemente cualquier roce que pueda desvirtuar o debilitar la alternativa plural de gobierno, mantienen con pulso firme la iniciativa política y afirman su voluntad para dirigir conjuntamente el país. En la otra orilla política parece que las cosas se mueven en sentido radicalmente contrario. La campaña electoral del PP, si es que así puede denominarse, se parece más a la que realizaría el ejército de Pancho Villa que a la que se espera de un partido que aspira a revalidar la mayoría después de 16 años de ejercicio ininterrumpido del poder. ¿Qué tiene que ver el candoroso discurso centrista que intenta esbozar Núñez Feijoo en compañía de Gallardón y Piqué con las sandeces que dice Baltar o con los exabruptos de un Manuel Fraga que, desinhibido por la edad, parece retornar a sus orígenes políticos? Por eso, como todas las encuestas detectan, el Partido Popular pierde cada día de campaña apoyo social y electoral, en la misma medida que un hipotético gobierno de coalición entre socialistas y nacionalistas gana simpatías y apoyos ciudadanos. Sí; sí, ya sé que la alternativa plural de gobierno tiene antecedentes, como el frustrado gobierno de coalición en Vigo, que no son precisamente estimulantes; sé también que dar estabilidad a una coalición de dos partidos de similares dimensiones sociales pero con perfiles políticos y culturales bien diferenciados es siempre un problema complejo; y cabe añadir aun que las propuestas deliberadamente ambiguas de sus respectivos programas electorales, en temas centrales para la gobernación de un país, no permite asegurar a ciencia cierta que exista el grado de compatibilidad deseable para sostener, sin graves tensiones, un gobierno eficaz y coherente. Admito todo eso, y asumo de antemano algunas pegas más que seguramente ustedes pueden aportar. Pero comparen esa alternativa con un gobierno cuyo proyecto y estabilidad dependa de un acuerdo entre Núñez Feijoo, Cuíña, Barreiro y Baltar, y seguramente despejarán inmediatamente todas las dudas que todavía albergan. Al menos en esta ocasión, la campaña electoral desplegada por ambas coaliciones ha servido para clarificar las cosas y poner a cada uno en su sitio.