La difícil construcción europea

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

CUANDO Francia y Alemania decidieron saltarse a la torera el Pacto de Estabilidad que ambos países habían impuesto para desterrar el déficit presupuestario y controlar la deuda pública en cada país de la Unión Europea, sentimos que se nos debilitaba la confianza en el futuro de Europa. La seguridad que Francia y Alemania tenían de que se podía multar a Portugal, pero no a ellos, nos pareció un acto obsceno y desvergonzado. El eje franco-alemán funcionaba, sí, pero no para tirar de Europa, sino para defender los intereses de Francia y de Alemania. Y todos los demás países se volvieron comprensivos y transigentes... porque se trataba de París y de Berlín. Hace poco, de nuevo el eje franco-alemán nos convocó a avanzar en la construcción europea mediante la ratificación de una Constitución precocinada en los fogones de París y Berlín. Y, después de una negociación que en otras circunstancias no merecería tal nombre, los 25 países de la UE se prepararon para ratificarla. Y en ello estábamos, con cierto entusiasmo, cuando los franceses arrojaron un «no» desconcertante sobre la iniciativa que su país abanderaba. Y otra vez nos vimos como ante el incumplimiento del Pacto de Estabilidad: sin alternativa. Porque se trataba de Francia. Ahora la situación se ha complicado. Porque Italia, país fundador, se dispone a incumplir lo que queda en vigor del Pacto de Estabilidad, y espera que la UE no se le vaya encima con unas duras sanciones. Bruselas dice que el déficit excesivo por tercer año consecutivo tiene que ser castigado, pero el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, tranquiliza a sus conciudadanos y asegura que no está preocupado por la decisión que puedan adoptar las autoridades comunitarias. Es verdad que Italia podría hacer un esfuerzo presupuestario en los próximos meses y sortear la sanción, pero eso no ocurrirá porque perjudicaría electoralmente a Berlusconi. ¿Se atreverá Bruselas a castigar a Roma después de haber transigido con París y Berlín? Son las cosas que nos hacen desconfiar de que la UE quiera crecer políticamente. Si los países grandes no cumplen las propias normas que impulsan y aprueban, ¿de qué futuro estamos hablando?