Hoy hace veinticinco años que murió el escritor Henry Miller en California (EE.UU.) Los actos conmemorativos no están siendo muchos (la crítica feminista lo crucificó en su día), pero esto no cambia el hecho de que es el autor de una obra profundamente vitalista y fuertemente erótica, que levantó grandes polémicas y afrontó severas censuras. Todo en vano, porque con sus novelas el sexo ganó carta de naturaleza en la narrativa actual. Obras como Trópico de Cáncer (1934), Primavera negra (1936), Trópico de Capricornio (1939) o la trilogía de La crucifixión dorada ( Sexus , Plexus y Nexus ) forman un corpus literario de una gran intensidad vital y creativa. Obsceno y espiritual a la vez, Henry Miller fue capaz de trazar una «hoja de ruta» para la conquista de la libertad individual y literaria, y entre sus seguidores (ni siquiera deseados) figuran muchos adalides de la llamada Generación Beat. En estos tiempos de alambicados creadores de biografías modélicas no está de más recordar a un hombre que no se plegó más que a su vocación literaria, y ello a cambio de que ésta enriqueciese su vida y le diese sentido. Bohemio indómito y sensual, sólo se detenía ante el folio en blanco para destilar literatura. Por ello merece ser recordado.