Arriba el telón

| RAMÓN PERNAS |

OPINIÓN

LA DIFERENCIA entre una precampaña electoral y la campaña propiamente dicha es muy sutil, prácticamente invisible. Y cuando se abre y se levanta el telón de la quincena de desaforada campaña, ya está casi todo dicho. Faltan las salvas de insultos finales, las amenazas veladas, y las promesas de inversiones para cuando ganemos. Esta campaña se presenta apasionante. El viejo carro de la farsa electoral a la americana se va a convertir en una caravana de fortuna, con los candidatos del poder en el Estado, repartiendo autopistas y puertos para dotar de contenido a esa pesadilla en redacción final que un día bautizaron como Plan Galicia. Frente a los aspirantes de la Xunta contando la fábula feliz de Galicia en el país de las maravillas, el tercer partido predica por los mítines la reducción de miles de altos cargos. He escrito miles, o sea, millares. Yo sigo, entre el estupor y el más certero desconocimiento, dando mi parecer a quien me lo pide. En Madrid, me lo piden muchas personas, pero ya he conseguido ampliar el area y también en Barcelona he sido hábilmente interrogado con el pretexto, una vez más, de quién va a ganar en Galicia. Ya no me sirve apelar a Pío Cabanillas padre, para decir que los nuestros, sea quien sea el ganador. Confieso que estoy profundamente desorientado y que no sé interpretar las estrellas ni leer en las entrañas de las ocas. Al descorrer el telón siguen sin argumentarse las soluciones a los verdaderos problemas que tiene Galicia. No se ofrecen respuestas para la regeneración del tejido industrial, no se dice cómo se va a cauterizar la herida profunda que produce la hemorragia de jóvenes marchándose fuera de la comunidad siguiendo ese destino, esa condena bíblica que una vez más nos expulsa a los caminos de la emigración, nadie cuenta lo que va a suceder dentro de dos años cuando se cierre el grifo de los fondos que hasta ahora nos ha proporcionado la Unión, hay un silencio profundo sobre las amenazantes crisis que vienen al sector pesquero y al textil, no se debate sobre el modelo de la Galicia que queremos, si nuestra vocación se refleja en el espejo de Irlanda o Dinamarca o si el modelo está en Grecia o Rumania. Seguimos haciendo la cuenta de la vieja. Recontando los votos que nos faltan para romper la horquilla, buceando entre los indecisos, mendigando los votos de la emigración que pueden ser el último de los salvavidas a donde asirse, seguimos midiendo la eficiencia según Malthus, invirtiendo pirámides por edades como si la clave estuviera en los maquillajes o en una nueva lectura de El retrato de Dorian Grey . Hay que reclamar la normalidad, al menos eso, como norte, cambiar los banquillos, incorporar a los jóvenes del filial, mover la cantera, reilusionar y refundar el discurso, hacer país, y el día del solsticio del verano, cuando ya todo esté consumado, quemar los muebles viejos y lavarse la cara al amanecer con agua de rosas . Cuando se alza el telón hay que fijarse bien y mirar al fondo del escenario para encontrar algo distinto, porque nuevo no hay nada. Cuando se alza el telón para dar comienzo a la campaña podemos divisar el escenario como un páramo yerto o como mucho a los viejos actores de una conocida comedia de repertorio. Pasen y vean.