ALGUNOS pierden la memoria. Deberían recordar cómo se logra convertir a ETA político-militar en gentes que hacen política vasca institucional, por cierto, dispersos por múltiples partidos del entramado democrático de nuestro país. Algunos ocupando cargos en Madrid, nombrados desde el Gobierno de Aznar. Algunos parece que no estaban en la misma Mesa de Ajuria Enea en la que yo estuve diez años, donde suspirábamos por poder aplicar el punto 10, que hacía referencia a la posibilidad de un proceso de pacificación y reconciliación para alcanzar la normalización en la sociedad vasca. Cuando Otegi dice: «Mi encarcelamiento no altera en nada la apuesta por la paz», está frenando la peligrosa indignación de los dirigentes batasunos que se sienten traicionados. Está actuando con autoridad ante un mundo muy complejo, en el que puede haber desde quienes están deseando salir de la cárcel, y de ahí la carta del jefe del duro colectivo Artapalo (Pakito), hasta los que se sienten desplazados por la falta de actividad armada, ya que sólo confían en el efecto de los atentados para lograr la Euskal Herría de ficción que les enseñaron desde niños. Cuando Otegi advierte: «Porque eso pondría el incipiente proceso en unas dimensiones no deseadas por absolutamente nadie», está señalando que: Hay un proceso, todavía incipiente, hacía la paz, que nunca antes lo tuvimos. Hay gentes importantes que no desean se trunque. Seguro que comprende, desde el Gobierno, lo que se vino a llamar el MLNV, los presos, la sociedad vasca, y la mayoría del arco parlamentario que dio carta de confianza al Gobierno. Nunca antes habíamos tenido estas condiciones. Se corren riesgos. Desde la indignación de las víctimas, fácilmente manipulables, hasta la actuación «por libre» de los terroristas que no aceptan ni el proceso ni a sus actuales dirigentes, y echan de menos la ortodoxia de Antza y Amboto, felizmente encarcelados, y sustituidos por Josu Ternera. No deberíamos preocuparnos más que de tres cuestiones: que no se vuelva a los asesinatos; que no se produzca el nacimiento de otra ETA capaz de liderar a una población que aportó ciento cincuenta mil votos (son demasiados para meterlos en la cárcel); y que nos digan la fecha en la que ha estallado la paz. Zapatero es hombre de suerte. Ganó un congreso. Ganó unas elecciones. Puede conseguir la desaparición de ETA.