HOY nadie reconoce tener miedo, pero yo: miedo de ir a cualquier parte, miedo de las carreteras que no conozco, miedo de conducir de noche, miedo de tener miedo, los miedos, la sombra de los miedos, tengo una reunión y temo no estar a la altura y me acuerdo del muchacho que voló a China, que paseó por La Habana, dónde estará ese muchacho atrevido que se comía el mundo a viajes, ese muchacho espejo de su madre, de su abuelo. Mi madre me dice: -A mí me encanta viajar, cada piedra nueva que veo me parece la gloria. Mi abuelo, que vivió en Guinea, que cazó elefantes, la foto con el elefante tumbado y el pie de mi abuelo sobre la montaña del elefante, y yo atado a mi miedo, inmóvil, preso de mí, incapaz de hacer cosas nuevas, el gatillo del miedo me apunta, y mi jefe que me dice: -No entiendo cómo puedes tener miedo a cruzar un puente. Un amigo me dice que su mujer no puede hacer según qué cosas, el miedo la come como a mí, no puede ir por sitios que no conoce, tiene miedo en los cines, mucho miedo en los cines. Me reconozco en ella, en cómo escapo de según qué barcos, como una rata. cesar.casal@lavoz.es