NO SON sólo los políticos los que llevan los relojes con horario distinto a los ciudadanos. El comité de empresa de Navantia Ferrol dice que es necesario incrementar los técnicos en seguridad y el cuerpo de bomberos, que hace falta un plan de emergencia propio y, entre otras cosas, un nuevo programa de formación del personal de la factoría y de las contratas. Desde fuera puede uno tener la terrible impresión de que han hecho falta cuatro muertes para que afloraran estas demandas. ¿Qué hacen las nutridas filas de los sindicatos que todo lo que ven ahora no lo vieron hace dos meses, por ejemplo? No sólo faltan inspectores de trabajo, son necesarios sindicalistas avisados que cumplan con su obligación cuando es preciso. Es como la institucionalidad del viaje de Fraga a Iberoamérica. El inquilino de Raxoi tiene habilidades reconocidas, pero no me consta entre ellas el desdoble de personalidad. De las veces que le he visto en televisión durante el periplo argentino-uruguayo, en alguna que otra ocasión sonaba de fondo el himno del PP. Touriño tiene la sinceridad de decir que su viaje a los mismos destinos será tan electoral como el de Fraga... pero pagado con medios del partido, y no con fondos de la Xunta. Él no ha tenido oportunidad de cometer el mismo error, pero ¿estaría en condiciones de confirmar que cuanto movimiento pro-partidario hacen sus correligionarios con cargo público en Galicia y fuera de la comunidad se lleva a cabo sin copiar más o menos el modelo Fraga? Quintana remata la faena situándose otra vez hipotéticamente -¡y tanto!- como presidente de la Xunta: si no cumple su programa, no volverá a presentarse. ¿Cuánto de programa? ¿Cuál es la garantía que deja en prenda? Los relojes de los hombres públicos no marcan la misma hora que los nuestros. Nos mienten o dicen medias verdades a todas horas. Encontramos al menos un político que en una ocasión dice toda la verdad: Fraga ha asegurado ser consciente de que en los cien metros lisos no tendría un buen récord.