ESCRIBÍ el pasado jueves (se publicó el viernes) que, a pesar de la trifulca parlamentaria, no se rompería el Pacto Antiterrorista. Es cierto que la tensión y la dureza entre Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy parecía apuntar hacia la ruptura, pero nadie en su sano juicio podía querer convertir a ETA en la ganadora del debate del estado de la nación. Y en este punto no bastaba con inventarse una buena excusa para culpar al otro. No bastaba con decir: «La culpa la tiene el PSOE», o «la tiene el PP». Porque ambos partidos firmaron el pacto hace cinco años justamente para corresponsabilizarse y apoyarse. Y el tiempo les dio la razón, porque el instrumento ha funcionado y ha sido muy eficaz. En mi opinión, lo que había ocurrido en el debate fue ilustrativo. El PSOE necesitaba mayor respaldo y mayor comprensión para avanzar en su estrategia destinada a acabar con ETA, y le exigía al PP ese margen de confianza casi ciega que en su día Zapatero le otorgó a Aznar. El PP, que desconfía de que los socialistas se ciñan al pacto, pedía garantías de que no se iba a jugar fuera de ese marco. En este punto llegamos a la tentación socialista de aislar a un PP que, paradójicamente, también parece deseoso de aislarse. Es un mal camino. Porque por esta vía sí que se puede llegar al final del Pacto Antiterrorista y al de otros entendimientos. Más lógico (y más necesario) sería reconstruir lealmente los puentes, como dijo el viernes la vicepresidenta del Gobierno. Zapatero puede sentirse descalificado por Rajoy (porque lo fue), pero también Rajoy puede sentirse engañado por lo que el Gobierno hace al margen del pacto (porque lo hace). Es la hora de recordar que ETA sigue ahí, y que el acuerdo PSOE-PP no se hizo para que se quiebre en una gresca parlamentaria sino para asegurar la firmeza y la continuidad de la lucha antiterrorista. Por eso debería seguir. Mañana se discutirá y votará una proposición en la que el PSOE pide el apoyo del Congreso de los Diputados a procesos de diálogo entre el Gobierno y ETA, si la banda terrorista deja las armas. ¿Será la escenificación de la ruptura? Lo parece. Pero en realidad debería ser la prueba de que las fuerzas democráticas saben permanecer enteramente unidas frente al terrorismo.