CON LO QUE lleva llovido les aseguro que es harto mi atrevimiento para opinar del marisqueo, y quizá les parezca excesivo tratar en singular lo que fue actualidad como conflicto: los desacuerdos en la gestión de la Cofradía de Illa de Arousa. Asumiendo tales inconvenientes, las reflexiones que siguen no por repetidas dejan de ser actuales. Si ustedes visitan las estadísticas de producción marisquera de los últimos años, podrían concluir conmigo que años lluviosos, sequías excesivas, Prestige , repetidos y sucesivos planes para el marisqueo, subvenciones, normas legales de explotación, leyes de cofradías, minicriaderos, criaderos, investigación y un largo etcétera de cuestiones ambientales, legales y tecnológicas, no nos han movido -tonelada arriba o abajo- de donde estábamos: 750 toneladas de almeja fina/año, un alarmante descenso de la almeja babosa que está en unas 1.200 toneladas -la mitad que en el periodo 1994/1999-, descenso también alarmante para la almeja rubia, y las 600 toneladas de almeja japonesa que, quiérase que no, ayudan a levantar la paletilla al no precisamente boyante mundo del marisqueo. Todo ello 35 años después del primer plan marisquero de Galicia, y 32 de aquel primer criadero industrial de semilla. Esta reducción de la producción que les señalo ha sido particularmente grave, precisamente, en la ría de Arousa. Por ello tampoco es de extrañar que en una de las principales cofradías marisqueras, Illa de Arousa, haya surgido el conflicto: son los intereses económicos de quienes del marisqueo viven y su percepción de una inadecuada gestión. El tiempo reciente demuestra que la producción, y por tanto los ingresos, no se resuelven de forma permanente con subvenciones y ayudas, si éstas no se entienden como inversiones que permitan una adecuada gestión de la producción y los recursos. Y demuestra también que los problemas estructurales, organizativos, tecnológicos, comerciales e incluso culturales, que el marisqueo y su gestión plantean -una realidad económica compleja sostenida en recursos del común-, no se resuelve con los instrumentos y normativa actuales, donde lo representativo puede confundirse con lo profesional y un patrón mayor con una figura gerencial. Con razón o sin ella.