Guerra de banderas

MANUEL MARLASCA

OPINIÓN

09 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

MAUTHAUSEN, en Austria, como el polaco Auschwitz y Buchenwald, en Alemania (se recomienda la novela El largo viaje , de Jorge Semprún, prisionero en este campo nazi de concentración), son símbolos de la ilimitada maldad humana y de la inagotable resistencia también humana. Millones de muertos son el efecto de la primera y un puñado de supervivientes, el testimonio de la segunda. Pero ahora, sesenta años después, con una especie de inexplicable guerra de banderas, se pretende mancillar la memoria de los millones de muertos en defensa de la libertad y de oscurecer el brillo del merecido homenaje a quienes consiguieron sobrevivir a aquel horror. Los españoles que acudieron el domingo a Mauthausen a recibir el homenaje que Europa entera les debe escucharon al presidente Rodríguez Zapatero flanqueado precisamente por las dos banderas que mejor resumen el reconocimiento por parte de su patria: la bandera republicana, que para los españoles de Mauthausen simboliza la libertad que les costó tanta tortura y tanto sacrificio, y la bandera española constitucional, que es el símbolo de la España del reencuentro y de la concordia, superadora de la España de la victoria y de la derrota, que no de la paz. La republicana fue la bandera de los héroes españoles de Mauthausen; y la constitucional es la bandera de todos los españoles y, en consecuencia, también es la de ellos; tanto que la España de la libertad fue a Matuhausen a rendir homenaje, en el puñado de españoles que pudieron acudir al sesenta aniversario de su liberación, a los miles que murieron no sólo en el campo de concentración del norte de Austria, sino también en los demás de la solución final del régimen nazi. He leído el testimonio de uno de esos españoles, contado por su hija; había entrado ya en el horno para ser gaseado junto a otros muchos; esperaron horas... hasta que escucharon voces que hablaban en ruso. Eran los liberadores, la libertad, el fin de una horrible pesadilla. Llevaban, por cierto, una bandera con la hoz y el martillo. Y seguro que los liberados la hicieron suya.