CUANDO MARCHÉ de Galicia, en 1971, nuestras ciudades eran muy distintas. Ferrol presumía de su feria de muestras; La Coruña era comercial, militar y administrativa; Santiago, religiosa y universitaria; Pontevedra era su museo, y Vigo su industria endógena pujante y la pesca. Cuando regresé, en 1983, Ferrol estaba instalada en una crisis sin resolver, Coruña buscaba ser una ciudad de servicios moderna, el modelo Paco Vázquez, con el palacio de congresos, el multiusos, los innovadores museos científicos y el paseo marítimo. Santiago, a su auditorium añadió un multiusos y otros equipamientos. Era la imagen visible de una ciudad que precisaba hacerse capital. Vigo abría su pesca al mundo mientras se convertía en un poderoso centro de automoción cuando se construía el recinto ferial. La capital ourensana ofrecía como novedad la idea del parque tecnológico, contra todo pronóstico técnico de localización. En 1990 me incorporé a la Xunta para trabajar en las comarcas. En esos años se impulsó la construcción de un gran recinto ferial en Silleda, después vinieron los pequeños de Ourense, Lugo, Vilagarcía y más recientemente el de A Coruña (que en el camino se quedó sin la ele), Santiago vio nacer otro palacio de congresos, Pontevedra hizo también su auditorio-palacio de congresos, y Vigo lo proyectó, pero los proyectos olívicos suelen tener un lento recorrido. La ciudad herculina transformó el palacio de congresos en palacio oficial de la ópera. En el 2002, por aquello del cambio de milenio, decidí dejar la Xunta con el mapa comarcal, la estructura comarcal y los centros comarcales ya funcionando, para reincorporarme a mi casa de siempre, a la universidad. Traje conmigo mis recuerdos, mis decepciones y la gratitud al presidente. Ahora, mientras estudio, pienso y escribo sobre las ciudades del futuro, Galicia avanza lentamente hacia una sociedad urbana. Bien es verdad que con carencias de inversiones acumuladas. A un alcalde metropolitano coruñés le oigo decir que, desde Franco, la Xunta no hizo ninguna carretera en el área. Se equivoca, hizo una autopista de peaje y una calle en O Burgo. En Vigo seis días después decían lo mismo en un debate. Se equivocan también: la Xunta hizo otra autopista de peaje y alguna carretera. Mientras tanto, Ourense inauguró su auditórium-palacio de congresos, Santiago reclama un recinto ferial distinto del de las vacas. Y ahora en la Ciudad de la Cultura se anuncia el segundo teatro de la ópera, para acoger lo que ya el palacio coruñés ofrece. Claro que como tenemos tantas orquestas sinfónicas (cuento cuatro), debe ser una necesidad perentoria para el futuro de Galicia. Mientras, sus áreas metropolitanas siguen creciendo sobre una red viaria preautonómica, las empresas siguen instalándose en polígonos preautonómicos, sus ciudadanos se mueven en las estrecheces preautonómicas. Pero claro, lo urgente es tener otro palacio de la ópera, como a un país de opereta corresponde.