29 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

GALICIA iba camino de echar el cerrojo. La pérdida constante de población nos colocaba al borde de la extinción. Hasta que la inmigración, todavía tímida en comparación con territorios más prósperos, nos permitió iniciar la remontada. Volvemos a rondar los 2,8 millones de habitantes, aunque entre nosotros ya hay gallegos negros, cholos y chinos. Y eso a algunos gallegos fetén que no les gusta. Antes muertos que mezclados, sería la soflama de los que desde las gradas llaman negro de mierda a un chaval que llegó desde Nigeria o Senegal con la ilusión de que el fútbol lo rescatase del infierno. Claro que si los goles fuesen para el equipo de quienes braman, no habría insultos. Los cambiarían por bromas de un paternalismo ramplón tipo: «Corren tanto porque en África se entrenan escapando de los leones». En el fondo, tan racistas unas como otras. Dicen que son comentarios sin malicia, como los de Luis Aragonés, que hasta tiene amigos negros. Quizás, pero, por si acaso, estuvo acertada la Federación Gallega de Fútbol al multar con 300 euros a un club modesto cuyos seguidores dedicaron a un jugador rival frases como: «Negro de mierda, vete en patera que aquí no te queremos...». Quién sabe si la reflexión salió de la boca de un gallego de pura raza, de esos de carnes magras, piel rosada y pelos rojos como los invasores que llegaron del Norte. Claro que aquello sucedió hace tantos siglos...