SIN GOBERNANTES de calidad y visión, la democracia se convierte en demagogia permanente. El prometer el todo a todos, el hacer de la concesión sistemática la receta mágica del oficio de gobernar, solo nos llevará al infantilismo perpetuo. La madurez en el gobierno, como en la vida, consiste en saber elegir y saber renunciar. Nuestro presidente de Gobierno no lo ve así; cree que basta la corrección formal para que todo se disuelva. Le llegan las apariencias. Olvida la regla de oro de Clausewitz; la elección de actitud la impone el adversario de mayor determinación. Zapatero pensó que podría resolver los crónicos y graves problemas del nacionalismo en España, en particular de Cataluña y el País Vasco, con un simple eslogan, la propuesta de una España plural. La publicidad y el márketing de imagen sustituiría a la Política como dura ciencia de los conflictos. ZP superaría el pesimismo de Ortega con una simple pose, a España la vertebraría el talante. Y como aprendiz de brujo guiado por sondeos trucados, se pensó consagrado por el CIS. Repartía concesiones por doquier a todos los que armaran bulla, los vascos, o a los que necesitara para completar su angustiosa minoría, los catalanes; no fuera a ser que se enfadasen y lo obligasen a decir no y entrar en la temible dinámica de la crispación. Carod-Rovira enseguida le cogió la medida; también Batasuna, que le ha enseñado la fortaleza de sus garras, mofándose de su ingenuidad. Chaves consigue lo suyo por el mero peso de su mercado electoral. Andalucía no necesita terrorismo, ni partidos nacionalistas o regionalistas. La basta la demografía, esto es, su condición de primera cantera electoral de las Españas plurales. A Galicia ni siquiera la tenía en cuenta; mandaba a un desilustrado a descalificar a Fraga, el presidente autonómico más laureado del escenario; y como las movilizaciones y pancartas se hicieran contra sus adversarios electorales, no la consideraba. La España gallega le salía barata. A los vascos les ofrece el Plan Guevara, esto es el Plan Ibarretxe pero a lo socialista, la independencia otorgada con buenos modales. A los catalanes, que dejen de aportar a los fondos de solidaridad entre españoles. A los andaluces privilegios bajo cuerda; y a los gallegos el modelo inversor del «euros cero», como lo denominó Rajoy. La postura de las concesiones por orden de violencia, fuerza, o mercado electoral, están llevando a que este país se dirija al estadio final de una España desigual. El lema de «a cada cual según su capacidad de presión» nos conducirá a la disgregación. Sólo nos queda la esperanza de los electores. En España ya se está catando al verdadero Zapatero, cuya confianza cae en picado en las encuestas del propio CIS. En Galicia puede tener su capón final. Sin violencia ni coacción, solo mediante los principios constitucionales y las razones concretas, Galicia puede convertirse en el baluarte de la España de la solidaridad. Es su oportunidad histórica.