Lo que se juega en Galicia

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

21 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

NO LE BUSQUÉIS más pies al gato. Los gobernantes que disfrutan de mayoría absoluta convocan las elecciones en dos circunstancias: cuando se les agota el plazo y cuando conviene a sus intereses electorales. Es decir, cuando tienen más posibilidades de repetir victoria. Y punto, que diría el señor Fraga. En el caso de Galicia, coinciden las dos circunstancias: se está agotando el plazo (porque adelantar cuatro meses no es técnicamente un adelanto electoral), y el mes de junio es el más conveniente para el PP a todos los efectos. Cuando el presidente Fraga dice que consultó a todos los sectores, no está faltando a la verdad. Pero yo creo que consultó básicamente a un poder fáctico: la encuesta que tiene sobre la mesa. Ese sondeo le ofrece, al parecer, grandes posibilidades de repetir mayoría. ¿Qué puede ocurrir de aquí a octubre, que era la fecha tope? Puede ocurrir todo: una sequía que ayude a quemar los montes, un arrechucho de salud, un acierto de los adversarios, sabe Dios. No se puede tentar a la suerte. Y menos a cierta edad. A ese factor decisivo se pueden añadir otras reflexiones de salón. El BNG, acaba de pasar el calvario de la pelea por las listas y la traumática dimisión de Xosé Manuel Beiras. Dejar pasar cuatro meses más haría que esos episodios se perdieran en la memoria. Y el PSOE tiene que sufrir la humillación diaria de no conseguir explicar las inversiones del Gobierno Zapatero en obras públicas. ¿Qué haría usted con sus adversarios así? Pues convocar elecciones. Dicho en lenguaje de killer político: aprovechar el viento y rematarlos. Que a nadie extrañe que, en estas condiciones, el gallego Mariano Rajoy se haya convertido en motor del adelanto. Y es que en Galicia no se juega solamente un gobierno autónomo. Se juega también una de las grandes partidas de la política nacional. El 19 de junio se someterá a consulta la capacidad de arrastre de Rodríguez Zapatero. Hasta ahora no hizo más que cosechar éxitos en las urnas: las elecciones generales, las europeas y el crecimiento de su partido en el País Vasco. En Galicia toca la gran prueba. Ahí se demostrará todo esto: si el talante mantiene su atractivo; si sus ideas valen en un país que no sufre ni plantea graves tensiones territoriales; y si el electorado castiga o es indiferente ante la política de exigencia que mantuvo la Xunta en las últimas semanas. Y Rajoy se juega casi todo: que su partido gane en su tierra, que su opción política tenga o no tenga aires de recuperación y que él, personalmente, vea reforzado su liderazgo. La victoria no sería muy elocuente, porque Galicia siempre ha sido un feudo de la derecha política. Pero una derrota sería un boquete en su línea de flotación.