La paradoja francesa

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

NO ES pequeña la paradoja francesa cuando se trata de impulsar y acrecentar la Unión Europea. Por una parte, Francia aparece siempre como el gran motor sin el cual no es posible avanzar en la construcción de la UE. En esta línea promovió la redacción de una Constitución Europea, encabezada, orientada y afrancesada por el expresidente Giscard D'Estaing. Por otra parte, está la Francia que, una vez redactado el texto constitucional, no se muestra proclive a refrendarlo el próximo 29 de mayo. Por el contrario, los datos de las encuestas apuntan, de momento, hacia una victoria del «no». Lo que es tanto como decir hacia un «apagón europeísta». Porque con la negativa francesa, toda esperanza de que surja un «gigante político europeo» se desvanece. Vi la semana pasada en un canal francés de TV el debate del presidente Jacques Chirac con 83 jóvenes sobre las razones pasra votar «sí» a la Constitución Europea. Y hay que decirlo claro (tan claro como lo han dicho los diarios franceses): el entusiasmo gesticular del presidente no estuvo acompañado por la solidez de los argumentos ni por la lucidez que se esperaba de su europeísmo. Recitó una retahila de motivos genéricos para pronunciarse a favor, pero no consiguió que su auditorio, preocupado por cosas más concretas, se sintiese concernido. Resultado: que, después de verlo, había más partidarios del «no». Y es que no se puede intentar seducir con la idea de una gran Unión Europea sin antes convencer a los franceses de que sus problemas tienen solución y de que esa solución es más fácil en el seno de una comunidad europea más integrada. La retórica de la grandeur que explotó Chirac ya no basta para convencer a unos jóvenes que conocen los datos económicos de su país y escuchan con preocupación los avisos del Fondo Monetario Internacional y de otras instituciones internacionales. La paradoja se repite (como ocurrió con el Tratado de Maastricht, cuando Mitterrand tuvo que arremangarse para sacarlo adelante). Francia es a la vez el país que tira para adelante y para atrás. Y si los europeístas no asoman con más brío y talento, el referéndum se perderá. Algo que, de producirse, traerá la mayor crisis de la UE.