LAS ELECCIONES son uno de los pilares de la democracia, que permite votar para ejercer el derecho ciudadano al cambio en las instituciones que administran el poder. Ha sido la primera vez, en muchos años, que en unas elecciones vascas no he sido candidato ni elector. Mi condición de ciudadano gallego, que pienso mantener a todos los efectos y derechos, me permite analizar serenamente el futuro de Euskadi, desde la perspectiva de una larga experiencia vivida entre las raíces del llamado problema vasco. Creo que habrá cambio. Lo hay en la presencia de una nueva generación de electores y de parlamentarios. Pero sobre todo, en el talante que, gracias a la debilidad de ETA, permite afrontar el futuro desde el diálogo y la negociación. A esto se han comprometido los principales protagonistas de la campaña. En un pequeño territorio del norte de la Península se ha dado la tragedia del uso de la violencia para imponer dicterios y señalar como enemigos del pueblo vasco a los disidentes con el credo de los nacionalistas. Eliminando, por lo civil o lo criminal, al hereje . De ello se encargaba el MLNV, a los que paradójicamente se les calificaba de abertzales (patriotas). Sin ETA, es posible que la sociedad recupere su estratificación normal, terminando con la actual: ciudadanos cómodos que disfrutan de magníficas condiciones de vida gracias a una autonomía que tiene, mucho de privilegios. Supervivientes. Esa inmensa mayoría de residentes en el país, que se han tenido que adaptar a la situación, que temen decir lo que de verdad piensan, que han cambiado los nombres castellanos de sus hijos y los han mandado a las ikastolas para que nadie dude de su condición de vascos, a todos los efectos. Dentro de este grupo hay más de uno que se ha exilado mentalmente, que elude pronunciarse. Por fin, los rebeldes, los que luchan por la libertad de expresión y por su condición de españoles. Los representantes de estos los conocemos porque van a todas partes acompañados de sus escoltas. Esto es lo que tiene que cambiar, sea cual sea el Gobierno que se forme, sea cual sea la pretensión a negociar con el Estado. El cambio siempre es higiene para el sistema de participación, y logra terminar con los que están tan instalados en el poder, que llegan a creerse los amos del país. Hubo cambio en Cataluña. Habrá cambios en Euskadi. Hay vientos de cambio para Galicia. Así, el sistema funciona.