Un error de todos los gallegos

OPINIÓN

TODOS recordamos que el Plan Galicia nació como una respuesta mediática e improvisada al desastre del Prestige . Nadie nos preguntó cuáles eran nuestras prioridades, ni qué modelo de desarrollo teníamos pensado seguir. Lo único que importaba era filmar y proyectar una escena de Bienvenido mister Marshall , y todos nos dispusimos a hacer de extras en el suntuoso escenario de María Pita. Igual que en la célebre película, marchó la caravana y quedó la polvareda. Y, pillados como pardillos en nuestra propia inocencia, no tenemos más remedio que seguir alimentando nuestra difusa esperanza en una colosal huida hacia delante. Ya sabemos -incluso Fraga lo dijo- que el AVE atlántico ni es AVE ni rabos de gaita, pero nadie se atreve a decir la verdad de un proyecto que ya lastra de forma irreversible la modernización ferroviaria del país. No tenemos definidos los trayectos de salida a la meseta, ni sus características, ni la financiación, ni los destinos, pero todos hablamos de los plazos y horarios -¡menos de dos horas y media!- como si este fuese el único trámite que queda por solventar. Es cierto que mi amiga Magdalena -¡Magdalena sólo hay una!- no está muy acertada en la gestión de este embrollo. Pero también tiene mucha gracia que los gestores autonómicos, que no tienen que poner ni un euro, ni mojarse en ninguna decisión, se cuelguen ahora todas las medallas, mientras repiten una y otra vez esta frase portentosa: «Nosotros ya hemos hecho nuestro trabajo -se refieren a la difícil tarea de 'por pedir que no quede'-. Ahora sólo falta que ZP ponga los proyectos y la pasta gansa, y ya tendremos un AVE de verdad». Lo que a mí me preocupa no es el AVE, cuya terminación no veré si Dios no me alarga mucho la vida. Lo que me llena de angustia es el modelo de gestión que hemos elegido. Porque, además de ser completamente ineficiente y estéril para los objetivos que llenan los titulares de estos días, se traslada como una peste porcina a todo el sistema autonómico. ¿Quién habla por aquí de su propia gestión? ¿A quién le preocupa hacer balance de nuestras políticas autonómicas y del uso dado a los fondos europeos? ¿Por qué celebramos como un éxito el hecho de encontrarnos entre las tres comunidades más pobres de España y seguir siendo objetivo nº 1 en la UE a veinticinco? El gran error de Touriño consiste en haber comprometido a sus amigos de Madrid en una competición de milagros y favores que nunca pueden ganar, en vez de crear un modelo de gestión eficiente y moderno que nos libre del clientelismo pedichón y resignado que ahora disfrutamos. ¡Dios quiera que no le cueste la presidencia que el destino y la fortuna le están poniendo en las manos!