ENVEJECE la población y aumentan los ancianos dependientes: cuidarlos bien no será el mayor desafío, es ya el gran reto al que tenemos que enfrentarnos con justicia, amor y solidaridad. Los padres limpian las cacas de sus bebés, pasan muchas noches sin dormir, reordenan su vida en función de ellos y dedican esfuerzos económicos muy importantes a su bienestar. No tendría, por tanto, nada de ilógico que, llegado el momento, esos mismos hijos limpien las cacas de sus padres ancianos dependientes, tengan noches de vigilia a su lado e incluyan en su organización del tiempo y del dinero la atención adecuada a quienes un día les dieron soporte y hoy les necesitan. El cuidador es una parte esencial en la calidad de vida del anciano dependiente y, por consiguiente, también hay que cuidarlo. No podemos perder de vista que atenderlo redundará en beneficio de la persona cuidada. Pero es que, además, no resulta justo que el cuidador dedique todo su tiempo y energías a la atención del enfermo y deje su salud y su proyecto existencial en un segundo plano. La consecuencia de esa actitud es que aparezca algún tipo de enfermedad a raíz de la somatización del propio estrés. El síndrome del cuidador quemado, que se caracteriza por el agotamiento físico y la sobrecarga emocional, puede y debe prevenirse entre todos. El cuidador debe pedir ayuda antes de verse sobrepasado por las circunstancias, antes de que sea demasiado tarde y cometa una equivocación consigo mismo (depresión), con la persona cuidada (maltrato o negligencia) o con una tercera persona (su marido, sus hijos). Su familia, sus amigos y los servicios públicos y privados pueden y deben facilitarle muchas de las tareas y darle momentos de respiro. Acudir a ellos no significa ninguna traición a la persona amada que usted está cuidando. Usar los recursos asistenciales no es aparcar el problema ni desatenderse del mismo. Salvo en los dibujos animados y en las películas, no existen los superhombres; todos somos personas más o menos con unas capacidades limitadas. Para un esfuerzo que presumiblemente va a ser de largo recorrido, para una carrera de fondo como ésta, no son nada convenientes los voluntarismos desmedidos ni los acelerones exagerados. Por último, me parece inmoral dilapidar dinero público en construcciones superfluas y faraónicas mientras no está garantizada una atención de calidad a los mayores dependientes y a sus cuidadores.