¿Plan o desplante?

OPINIÓN

COMO BIEN dijo el tantas veces certero Fernando Ónega, parece que Kafka se hubiese colado en el Plan Galicia, quien sabe si con el ánimo de escribir sus mejores páginas sobre alguna burocracia insondable. Si yo hubiera pergeñado este artículo el pasado viernes, hubiese dicho que el Plan Galicia, si siguen suspendiéndose licitaciones por parte del ministerio de Fomento, podría acabar convirtiéndose en un auténtico Desplante (así, con mayúscula) a Galicia. Pero después de ver que ese mismo día el ministerio de Fomento anunciaba que no paralizará el AVE Santiago-Ourense y que respetará el trazado de Silleda a Boqueixón, parece que hubiera que recoger velas y no descartar que antes de fin de año esté en obras toda la línea. En otras palabras, que aquí no habría pasado nada, que las licitaciones que se iban a suspender no se suspenderán y que los compromisos de Zapatero con Galicia siguen en pie..., a pesar de que la ministra Magdalena Álvarez parezca empeñada en hacernos creer lo contrario, logrando así un hueco en el corazón de los gallegos por la deferencia que nos manifiesta... Pero, si no ha pasado nada, ¿cómo se explica el clamor del presidente de la Xunta, Manuel Fraga, contra la paralización de las licitaciones y el supuesto desplazamiento a otras comunidades de inversiones comprometidas con Galicia? Fraga considera esto «de una gravedad extrema», hasta el punto de alentar una respuesta de los gallegos ante los agravios de Fomento... ¿En qué punto del relato kafkiano nos hemos perdido? Es cierto que ya no valían las evasivas ministeriales. No valía decir que Fraga utilizaba las suspensiones como pretextos para la confrontación política con el Gobierno (aunque sea verdad), ni valía acusarlo de comportamientos de extrema derecha por «intentar desestabilizar con insultos carentes de fundamento y sin estar basados en hechos». Porque no se trataba de evaluar históricamente al presidente de la Xunta, sino de cumplir un Plan Galicia destinado a no dejarnos al margen del crecimiento y de la modernidad del resto de España y de la UE. Aunque el recelo siga, parece que algo está más claro después de las palabras de Fomento... ¿O no es así, señor Kafka?