Táctica e identidad vasca

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

LOS VASCOS se encuentran en una coyuntura crítica que trasciende las inmediatas elecciones. Éstas van a jugarse en un marco tenso donde los partidos y sus líderes parecen más atentos a no pisar las «minas electorales» dejadas en el campo por sus rivales que a orientar el futuro con sus propuestas. La mera táctica electoral borra cualquier planteamiento de fondo, por inútil a corto plazo. Y, si bien se observa, la ilegalización de Batasuna, la descalificación de Aukera Guztiak o las dudas que suscita el qué hacer con ese ignoto Partido Comunista de las Tierras Vascas, que se ha ofrecido a canalizar el voto abertzale , son cuestiones que se valoran no por su fondo, sino primordialmente en razón de si el PNV puede llegar o no a la mayoría absoluta. Sin embargo, por encima de todo este tacticismo, es claro que Euskadi tiene planteado un serio problema de identidad. La «vieja identidad», construida sobre conceptos hirientes de la igualdad imperante en el moderno mundo democrático y afanosa de una diferenciación cada vez mayor respecto del «otro», del distinto, del que habla otra lengua, del « elderdun »¿ semeja una pretensión antigua, inconvenientemente ligada al agónico «Dios y las leyes viejas». No creo sin embargo, ni mucho menos, que todo esto constituya una aporía para el nacionalismo vasco, sino todo lo contrario. Esa sería su gran aportación a la política de un país nuevo, que ya es distinto en su contextura y pluralismo. Una identidad vasca dinámica, no fosilizada, incluso más radical, en el mejor sentido del término, pero liberada de la tradición estática y decalvada del «nosotros y los demás», que no acaba de alumbrar libertad ni progreso. Una gran construcción de futuro que sólo será posible hoy en día si la lidera justamente el PNV, no cualquier otra formación.