Información en la página 32 DURANTE décadas, la fábrica gallega del gigante automovilístico PSA sobrellevó con paciencia franciscana la falta de comunicaciones, suelo industrial y logística que la rodean. Su capacidad de producción y la flexibilidad laboral la hacían competitiva en Europa. Con aplausos pero sin ayuda, Citroën hizo germinar el mayor cluster gallego, espabiló a la Universidad y generó una industria auxiliar que hoy camina sola (un 64% de sus componentes ya no acaban en PSA). Pero la paciente gallina de los huevos de oro lleva tres años perdiendo empleo y rebajando su productividad frente a sus rivales del Este, capaces de fabricar lo mismo, más barato. Lo creamos o no, la deslocalización de este 10% del PIB gallego es una amenaza real. Ahora ya no vale seguir mirando hacia otro lado.