A DIFERENCIA de la mayoría de los países árabes, y pese a pertenecer nominalmente al Imperio Otomano, el Líbano logró regirse de forma casi independiente, aunque no sin cierto apoyo europeo, desde 1860. Esta independencia permitió un tímido despegue económico que se tradujo en el mayor avance cultural de un país árabe durante el último tercio del siglo XIX y principios del XX. Con la desaparición del Imperio Otomano, tras su derrota en el Primera Guerra Mundial, Líbano se vio sometido al mandato francés hasta 1943. A partir de ahí, el Pacto no escrito de concordia nacional , por el cual se estableció que el presidente sería un cristiano maronita, el primer ministro un musulmán sunní y el presidente del Parlamento un musulmán chií, permitió el desarrollo económico del Líbano hasta convertirlo en la Suiza de Oriente Próximo . Objeto del deseo de la Siria dictatorial de Hafed al Asad, se vio envuelta en una guerra civil desde 1975 hasta 1992. La ocupación de Siria, la llegada masiva de los refugiados palestinos y los ataques israelíes de represalia contra sus asentamientos al sur del país, llevaron a la joya de Oriente Próximo a la destrucción total hasta que se logró firmar un armisticio. Desde 1992, los gobiernos de Líbano han sido controlados por Siria con el apoyo de sus fuerzas de seguridad. No puede extrañar que el asesinato el 14 de febrero del carismático, aunque denostado, Hariri, quien no se privó de denunciar la manipulación siria, haya sido aprovechado por los libaneses para echarse a la calle y denunciar la dominación de facto de su vecino. Gracias a ello y a la presión internacional, el ejército sirio ha comenzado una retirada que debió de haberse producido hace más de una década. A pesar de ello, ha habido más atentados con bomba. El último tuvo lugar el pasado sábado en un barrio cristiano de Beirut. Definido por el líder druso, y por lo tanto musulmán, Walid Jumblat, como un ataque de los grupos sirios remanentes dirigido no a una comunidad en concreto sino a la oposición libanesa en general, es una clara expresión de la vocación de unión y paz que late en el corazón de los libaneses atrapados en la red de intereses de Oriente Próximo.