Por un puñado de votos

OPINIÓN

¿DE QUÉ va Ibarretxe? Una de dos: o es un ingenuo, o efectúa una gran representación teatral. Abona la tesis de la ingenuidad lo ocurrido ayer: se reúne con miembros de Aukera Guztiak, y termina la reunión convencido de que esos señores no tienen nada que ver con ETA, condenan el terrorismo por el mero hecho de decir generalidades sobre los derechos humanos y, por tanto, tienen todo el derecho a concurrir a las elecciones del próximo día 17. Este lehendakari es un santo. Es la bondad en persona. Una conversación con los afectados le convence más que todos los argumentos que provocaron la unanimidad del Tribunal Supremo. Como eso no es creíble, y de ingenuo tiene lo mismo que yo de obispo, hay que suponer que Juan José Ibarretxe está haciendo una representación; la que todos suponemos y decimos: aunque esa lista sea la clase B de Batasuna, él se constituye en su defensor para quedarse con sus votos. Pero el ejercicio de cinismo no se detiene ahí. A sabiendas de que es el gran beneficiado de la exclusión electoral de A.G., dice todo lo contrario: que se trata de beneficiar a los partidos Popular y Socialista. Y los ciudadanos vascos se lo creen. Sólo hay que escuchar las llamadas de oyentes a las emisoras para darse cuenta de ese estado de opinión: Euskadi vuelve a ser víctima de una perversa estrategia de Madrid para facilitar la victoria de los españolistas. Parece increíble, pero es así. En el País Vasco, una mentira bien montada vale más que todas las evidencias. Un nacionalista puede inventar lo que quiera, que encuentra terreno abonado para su mentira. Basta tocar unas fibras del sentimiento y mostrar algo de victimismo. Las denuncias que se hagan para desmontar las falacias, como son hechas por «gentes de Madrid» o «insensibles a lo vasco», cuando no enemigas de la causa, no tienen el menor crédito. Son una parte del «frente del no» que con tanta eficacia dialéctica ha fabricado también la factoría Ibarretxe. Todo esto es alarmante. Muestra una opinión pública penetrable por la demagogia. Muestra a unos gobernantes con escaso sentido ético, especialistas en el «todo vale». Muestra la ineficacia de los demás para construir un discurso capaz de denunciar y deshacer esas estrategias poco nobles. Y, sobre todo, anticipa un futuro con pocas esperanzas. Un lendakari que ataca las decisiones judiciales como «acciones políticas» es un gobernante que está atacando las bases mismas del Estado de Derecho. Se está situando del lado de los violentos. Está fomentando el rencor hacia todo lo que proviene de las instituciones de España. Y todo, por un puñado de votos. Esos votos le llevarán a la gloria, sin duda. Pero será a costa de la convivencia civil. Información en la página 18