MUY MAL deben de ver las cosas los populares de Galicia para lanzarse, como han hecho, por un tobogán sin final. No parecen estar las encuestas muy de su parte y tampoco deben de tener grandes propuestas para ilusionarnos antes de octubre. Porque de no ser así, no se entiende que en el último día de su retiro, nos sorprendieran con una promesa de tan profundo calado. La creación de 120.000 puestos de trabajo, en cinco años. O lo que es lo mismo, 24.000 puestos al año. Dos mil al mes. Y casi un centenar cada jornada laboral. Mucho se ha escrito y mucho queda por escribir sobre las promesas. Y para todos los gustos y necesidades. Ovidio dejó escrito que «no te importe prometer. ¿Qué daño pueden hacerte las promesas? Todo el mundo puede ser rico en promesas». Más tarde, el inglés William Hazlitt apuntó que «algunas personas hacen promesas por el solo placer de quebrantarlas». Que es lo que hicieron los gobiernos socialistas de González con aquellos 800.000 nuevos puestos de trabajo que no vimos por ningún lado. Pero éste no es el caso. Aquí las promesas se hacen para cumplirlas. Convencidos estamos, por eso, de que el Gobierno popular gallego solventará con idéntico acierto el paro de 120.000 parroquianos, el cambio climático, la obesidad infantil, el feísmo, el éxodo rural, el conocimiento de tres idiomas y la sucesión del líder, que son asuntos tratados en este retiro. Con la misma diligencia y destreza que nos vienen solucionando otros muchos para facilitarnos la supervivencia en este vergel que es Galicia. El hecho de que no nos hayan hablado de sectores, ni de medios, no puede llevarnos a dudar de la oferta. Aquí se hace lo que se promete. Bien es cierto que con excepciones de escasa relevancia. Como cuando en la anterior campaña, los mismos, garantizaron a todos los jóvenes su primer empleo.