Los jóvenes y Europa

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

OPINIÓN

27 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

DICEN las últimas encuestas que no es impensable el triunfo del no en el próximo referéndum francés sobre la Constitución europea. Los márgenes son muy ajustados y todo puede suceder. De ser así, estaríamos ante uno de los acontecimientos negativos más relevantes ocurridos en Europa desde la firma del Tratado constitutivo. Francia no es obviamente en la UE un elemento periférico o de limitada importancia, sino su nervio central mismo. Combatir la posibilidad del no pasa por estimular la ilusión y consiguientemente el voto de muchos europeos, no sólo franceses, que, vacíos de entusiasmo, se apuntan al carro de los euroapáticos . La euroapatía está haciendo estragos especialmente entre los jóvenes que, no viendo en la construcción de la Europa unida un objetivo atrayente por el que luchar, sino una costumbre plana de sentimiento y ambición, se abstienen masivamente en las consultas electorales europeas. Quizá influya en ello a partes iguales la pretensión de las viejas democracias europeas de instaurar una política aburrida y sin lugar para utopía alguna y, de otro lado, que paradójicamente muchos problemas cruciales de la gente joven sigan sin resolverse en los países miembros. Oportunamente, la Comisión Europea acaba de diseñar un Plan Global y específico para los jóvenes, que se propone objetivos atractivos, ambiciosos y pragmáticos, como es el de conseguir el pleno empleo en el 2010. Y es que hasta ahora la política europea de juventud estaba primordialmente dirigida a intensificar la cooperación para fortalecer el sentimiento de pertenencia a Europa y tener en cuenta su voluntad de desempeñar un papel positivo en su construcción. Bonita retórica, con algunos resultados estimables fruto del intercambio, pero que al final se ha demostrado insuficiente.