ABERRI EGUNA. Cita del nacionalismo vasco para celebrar el día de la patria vasca. Algo así como el reconocimiento de que son un pueblo (Euskal Herría), una nación (Euskadi), a la búsqueda de un Estado (construcción nacional en razón a derechos históricos). Esta vez supone el inicio de la campaña a las elecciones en las que por vez primera se dan las siguientes circunstancias: el nacionalismo comparece en una sola lista; ya no se trata de más autogobierno o de reclamar las competencias estatutarias pendientes. La oferta es clara. Ganar para negociar de igual a igual, de la nación vasca con la nación española; se negociará cómo y en qué tiempos debe ser la relación entre Euskal Herría y el Estado español; derecho a decidir de los vascos con respecto a España, y derecho a pactar las fórmulas jurídicas de la relación. Mientras, y para consumo interno del cuerpo electoral, el nacionalismo oferta un contrato social para avanzar, con un compromiso político (nuevo estatus con relación al Estado español y en la UE) compromiso socioeconómico, partiendo de los magníficos resultados que ha dado la capacidad de autogobierno de las instituciones vascas, que han logrado colocar los niveles de calidad de vida, desarrollo, renta y derechos sociales de los ciudadanos vascos a la cabeza de las comunidades del Estado de las Autonomías. Sólo se olvidan dos «insignificantes detalles»: la clase política disidente con la propuesta nacionalista debe vivir bajo amenaza y con escoltas, lo que pone en entredicho la garantía de los derechos fundamentales; y el territorio de Álava no ha sido tenido en cuenta en todo este proceso hacia la secesión. Por tanto, no es verdad lo que tan pomposamente denominan «proceso para la paz y la normalización». Ibarretxe compareció ante su pueblo en la Pascua, como Moisés, asegurando que están a las puertas de la Tierra Prometida, por lo que su proyecto es para avanzar, mientras PP y PSOE quieren hacerles retroceder, pero ganar estas elecciones les dará toda la fuerza y razón para que el Faraón se pliegue a negociar la libertad del pueblo elegido de Dios (Aitor). Y volverá a Madrid, con el mandato de un Parlamento vasco de mayoría absoluta para su plan, para negociar de nación a nación. Por cierto, Madrazo, por si acaso, se ha quedado en medio, para prestar sus escaños a los que los necesiten, para mejor proveer su propio estatus.