Las servilletas de Ribas de Sil

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

EN LA CAFETERÍA del parador de Ribas de Sil hay pequeños contenedores de acero con servilletas de papel. Y, gracias a ese detalle sin importancia, los conselleiros de Fraga pudieron dedicar dos días a tomar abundante café y dibujar líneas de alta velocidad entre Galicia y Madrid. Pontevedra-Ourense sólo para viajeros; Vigo-Ourense para mercancías; Santiago-Ourense en veinte minutos; Ourense-Monforte al estilo Córdoba-Sevilla; Ferrol-Bilbao como Madrid-Barcelona; Lugo-Ourense y Lugo-Coruña en plan mixto pero veloz; y Santiago-Coruña como «un AVE de verdad». Cuando ya se habían agotado las servilletas, aún faltaba reformar la conexión atlántica, garantizar que todos los trayectos a Madrid se harán en un tiempo inferior a dos horas y media, y resolver la entrada por Lubián, ya que nadie sabe si va ser de vía simple o vía doble, eléctrica o a vapor y con radios de curva de cuatro o de ocho mil metros. Por eso hubo que llamar a la camarera y pedirle más servilletas. Para complementar tan sesudo trabajo, el vicepresidente Núñez llevaba su cartera llena de recortes de los periódicos del miércoles, que fue el día escogido por Touriño y la UGT para diseñar, en otra cafetería, media docena de trenes alternativos, cuya construcción sólo depende ya de la dócil Magdalena. Finalmente, para que nada falte, aún queda Anxo Quintana en la reserva, cuya especialidad consiste en ir al Senado a pedir millones sin cuento, hacer tenaza con el PP y contra el PSOE, y vetar los presupuestos malditos durante casi dos días. Por eso acabo de llamar a mi hermano Pablo para ver si espabila, porque lleva tres años proyectando una maqueta Märklin y aún no inauguró su primera línea. Ir a un monasterio a reflexionar sobre Galicia, para hacer un proyecto de país, tiene mucho sentido. Pero hacer un retiro espiritual para dedicarse a la acción, y disperdigar milagros de papel por todo el territorio, me parece un dispendio y un contrasentido, cuyos efectos pueden calibrarse haciendo un serio balance de los diez retiros anteriores. ¿Y la sanidad? ¿Y la educación? ¿Y la agricultura? ¿Y el territorio? ¿Y el empleo? De eso nada, porque son competencias nuestras y no tiene gracia administrarlas. Lo que mola en este país es hacerle los deberes a Madrid y a Bruselas, ganar medallas con presupuestos ajenos, y exigir, en plan abaixo firmante, «un AVE verdadeiro xa». Pero a nadie le interesa hacer balance sobre el gobierno de nuestros recursos y competencias, no vaya a ser que despierten los ciudadanos y les saquen los colores¿ ¡y los votos!. Fraga dijo que no iba al monasterio a preparar elecciones. Mi impresión, sin embargo, es que ya no puede pensar en otra cosa.