SE REESTRENA en los cines La Pasión de Mel Gibson y algunos hablan de oportunismo de hacerlo en los aledaños de la Semana Santa. Es una acusación extraña, porque entonces habría que extenderla a las cofradías, a los actores de los dramas sagrados de Olesa de Montserrat y la algo más floja de Esparraguera. La Semana Santa es en sí misma, y con todo respeto, un reestreno, una revisión de lo que millones de personas en el mundo consideran que fue el hecho más importante de la Historia. Uno escribió ya sobre La Pasión entonces, comentando que su espectáculo sanguinolento, sus torturas y violencias no debían escandalizar a nadie porque estaban en la misma tradición que los Cristos barrocos que se guardan en las iglesias de Castilla y Andalucía. Luego, una vez estrenada la cinta, hablamos de aquel criminal que, después de ver la película, se arrepintió y se entregó a la policía, y lo consideramos una especie de milagro obrado por la película, hasta que luego resultó que el criminal se volvió a arrepentir y decidió declararse inocente ante el juez, y comentábamos eso: la naturaleza escurridiza de los milagros en el mundo moderno. Recordaba todo esto al oír que la película se reestrena, pero con seis minutos menos de metraje que el propio director le ha quitado para restarle violencia y morbo. Curioso: después tanto luchar contra la censura de su película (y hacerse publicidad de paso) ahora Gibson se censura a sí mismo. Después de decir que no podía contar esa historia sin sangre, ahora la sangre le da grima. Uno diría que Gibson, ya puestos a hablar en términos de Historia Sagrada, es un San Pedro que se niega a sí mismo. Pero, en fin, una cosa no se le puede negar al hombre, y es su talento para explotar un argumento. Y hasta en esto sigue una tradición: la de los apócrifos. Porque si la película que Gibson había hecho se podría considerar como una especie de evangelio profano, el fragmento que le ha quitado se va a convertir en algo así como un evangelio apócrifo. Esos seis minutos irán a parar al vasto depósito de las historias bíblicas que se consideraron inoportunas y se eliminaron del canon, junto con El Evangelio Armenio o el de Santo Tomás, o la historia del burro y la vaca del Portal de Belén o los nombres de los Reyes Magos. Seguro que esos minutos los acabarán vendiendo por separado. Hasta para esto ha sido listo el australiano.