DIGO YO, y digo bien, que nuestra bendita madre Hacienda debería incluir en los impresos del IRPF algún casillero más para que el pagano de a pie ejercitase la opción que le aliviase el mal cuerpo que le queda, cuando no tiene muy claro si en su deber de contribuir a las cargas comunes no le cuelan de matute, y no sin una cierta sodomía y una sodomía cierta, algún porcentaje indebido y para cuyo abono tendría que ser tan consultado por lo menos como para si quiere misas y curas. A lo que vamos, a la casilla urgente ¡ya!: ¿Desea usted destinar el 3% de sus impuestos al cazo de los partidos políticos? O mejor todavía: si a usted no le gusta el cazo, ni siquiera el de su propio partido, dedúzcase un 3% de su cuota líquida. Porque no deja de ser curioso que la necesidad de proteger a ciertas especies animales recorte la temporada de caza a apenas un mes o dos por especie, mientras la protección de la especie animal político -zôon politikón, Aristóteles dixit, no yo- mantiene abierta la temporada de cazo los doce meses del año, los cien años del siglo y los diez siglos del milenio. No sé si me explico, pero quiero sugerir que la temporada de cazo es vicio ya más genético que histórico y tal vez algún día se descubra que en el ADN de unos cuantos políticos además de las bases del común de los mortales contribuyentes, adenina, guanina, citosina y timina, hay otras cuatro bases, a saber, la pillina, la arramblina, la aprovechina y la jetina, exclusivas y emblemáticas de los mortales no contribuyentes, sino contribuidos. Un tío abuelo mío que distinguía entre la Diputación y la Diputería sabía hilar fino. Of course, no llegó muy lejos. Y ahora dicen que toca desinflar el souflé catalán, curiosa forma de degradar lo catalán para acudir con un eufemismo de repostería a tapar lo que no tiene tapa, pues se la quitó para siempre jamás amén Maragall con su muy freudiano fallido. Freudiano, pero sobre todo quevedesco, pues la maragallada me trae a la memoria aquel «descubierto habéis la caca / con las cacas que cantáis». Aconsejan que antes de darle a la lengua se compruebe que esté conectada con el cerebro y ¡vaya por Dios! eso es lo que perdió a Maragall: pensar en alto, sin haber desconectado. Y de Franco han aprendido todos -todos, pues ahora llueve sobre mojado de izquierda, centro y derecha- a poner la cara al sol y prietas las filas, responsables ante Dios y ante la Historia, sin permitirse ni el relevo ni el descanso en su heroico y sacrificado caudillaje¿ y, lo peor, también han aprendido a implicar a su sociedad y a putear a sus prójimos con esas rimbombancias a destiempo de Patria, Nación, etc., para que la cofradía soporte el tufo. A lo peor dice bien el periódico que «Rajoy entró al trapo en la crisis abierta en Cataluña ¿» y al final Rajoy y Piqué son los villanos que quedarán fuera de la foto que, con la Patria y algún que otro socavón al fondo, se hará la panda de amigos que, como bien dice Maragall, no deben hacerse daño.