DESDE HACE ya varios meses los foros de Internet dedicados a la princesa Letizia Ortiz son refugio de gentes muy variopintas. Marujas aburridas, filósofos en paro, insultadores profesionales o por vocación, los que saben de buena tinta, los que necesitan entretenerse o pasar el rato. Incluso el último republicano que quedaba en este bendito y humillado país tan lejos de Dios pero tan cerca de la madrastra Francia y del sultanato hermano de Marruecos. Pero la visita a estos foros tiene algún interés. Contra la censura, son un refugio de cierto sentido de la libertad, política y, por qué no decirlo, ortográfica y gramatical en que se aprecian los resultados de la LOGSE. Dan idea de una parte de la España real, generalmente zafia, de moral distraída como la que critican en el pasado de la princesa. Pero representan los valores opuestos a lo políticamente correcto y domina la franqueza revestida muchas veces de grosería y maledicencia. Llama la atención que salvo dos o tres intervinientes, a los que los demás consideran boicoteadores a sueldo de Palacio, la mayoría despelleja de modo inmisericorde a la Monarquía como institución y a los Borbones en particular, aunque se hace más hincapié en lo que cabría considerar más anecdótico. Uno de los temas estrella es la infertilidad de la princesa, otro el de sus supuestas enfermedades: anorexia, sida u otras venéreas, desarreglos de sus glándulas de secreción interna, etcétera. No se suele hablar, en cambio, del papel del Jefe de Estado en el proceso de descomposición política nacional favorecido por ZP y los socialistas. Ni de las denuncias sobre negocios o compañías poco santos. Una conocida periodista está siendo poco menos que linchada por los medios monopolísticos de la retroprogresía por hacerse eco en su columna de opinión de los rumores desbordados desde hace unas semanas. La hipocresía crece, la libertad mengua y la verdad padece una anorexia que va a llevar a la tumba a España.