Vicecristo

OPINIÓN

HAY quien piensa que el Papa se aferra a la silla de Pedro porque, pese a su salud, no renuncia. Quienes así hablan ignoran la biografía de Karol Wojtila y el significado de la dignidad a la que fue llamado. El Papa, efectivamente, es elegido por un colegio de cardenales. Pero en esa elección empieza y termina cualquier analogía con la política, puesto que el elegido no representa a los electores, sino al mismo Cristo. Cualquier Papa, con independencia de su santidad, simpatía o capacidad, es un vicecristo, no un representante del pueblo cristiano. Por supuesto, puede renunciar. Hay de hecho antecedentes, aunque nada tienen que ver con las circunstancias actuales. Pero cualquier persona con un mínimo de sensibilidad religiosa e histórica comprende que Juan Pablo II no haga uso de esa posibilidad mientras su conciencia no lo exija, puesto que la debilidad es la mejor manera de representar a Cristo, que reina desde una Cruz. Puede incluso que la conciencia le urja, para que ningún sucesor se sienta tentado a apartar de sí frívolamente una carga que no es consecuencia de una deliberación o querer humano. Quizá para entender esto se necesite algo de fe. Pero para respetar la conciencia del Papa, no. psanchez@udc.es