Urdaci, los sabios y el cuarto poder

PEDRO ARIAS VEIRA

OPINIÓN

26 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

NUNCA en la precaria historia de nuestra democracia se dio una caza de brujas contra un periodista como el sufrido por Alfredo Urdaci, director de informativos de TVE en la anterior legislatura. Esta izquierda lo convirtió en chivo expiatorio del aparato ideológico que anhelaba, en guardián del panóptico social al que había que asesinar simbólica y no tan simbólicamente. Su gran pecado era el haber dignificado los telediarios de la pública y convertirlos en líderes de audiencia. Un profesional de su talento se convirtió así en el enemigo a batir por los que esgrimen la pancarta y el pásalo como argumento. Ahora acaba de publicar un esclarecedor libro, que hiela lo que nos resta de inocencia, donde constata de lo que son capaces los chicos y chicos que hoy controlan la casa, a la que están despeñando por las pérdidas de audiencia. Al mismo tiempo, los sabios de Zapatero dicen que el problema de TVE no es de acción comunicativa ni de profesionalidad en la gestión, sino de sopa boba garantizada y multiplicación del organigrama de mando. Insisten en que se recubra el socavón con subvenciones -la otra cara de los impuestos- ante la previsible catástrofe de la máquina de adoctrinar. Lo único seguro es que TVE perderá el grueso de su cartera publicitaria para nutrir el nuevo canal en abierto del grupo Prisa, que se consolidará así como el auténtico cuarto poder de esta humillada España sin dignidad ni orgullo. Estos simulacros de sabiduría olvidaron que no habrá solución para la televisión pública porque las complacencias del Gobierno van por el liderazgo monopolista de un grupo privado. Así es la política contradictoria de esta nueva izquierda, que en teoría prioriza lo colectivo y que en la práctica se inclina ante el más poderoso de los particulares. Es evidente que un conglomerado mediático tan favorecido, que controla la mitad de los enclaves de radio privados y que va a contar con dos cadenas de televisión en abierto, -además de plataforma digital, periódico nacional y amplio abanico de intereses editoriales, cinematográficos y comerciales-, constituye un caso claro de concentración de poder contrario a las leyes de defensa de la pluralidad y de la competencia. Su estatus no se debe a la libre elección de los ciudadanos, sino que se deriva de la concesión restringida de licencias gubernamentales exclusivas. Lo peor que le puede pasar a nuestra amedrentada democracia, la mayor amenaza a la regeneración de la libertad y limpieza del pensamiento, es la concentración del poder informativo. Su estrecha alianza con el poder político nos convertirá en masas anómicas y esperpénticas, como las del eje incivilizado del tándem Moratinos-Zapatero. La Venezuela de Chaves, la Cuba de Castro, las dictaduras árabes y los países fracasados de la Tierra; esos son ya nuestros compañeros de viaje. Preparémonos para la involución de las conciencias, aún no hemos visto lo peor. Debemos seguir resistiendo.