ES CIERTO que la zanahoria condiciona el movimiento (dirección y sentido). Las infraestructuras, de transporte o servicios asociados han acaparado buena parte del debate político estos años. Sin embargo, la aparición en primer plano de una de las carencias estructurales graves de este país, particularmente en zonas de alta industrialización -suelo industrial disponible-, es reciente. En las últimas semanas, el déficit de suelo industrial, en particular del entorno de Vigo, alcanzó titulares de prensa. Lo llamativo de la alarma provocada por las organizaciones empresariales, a la que se han sumado con sus dictámenes agencias públicas como Puerto de Vigo o Zona Franca, no es tanto la evidencia de esa carencia de suelo industrial, ni la fuerte demanda que sobre él existe -más de 300 empresas esperando por el puerto seco de Salvaterra-, sino la lejanía del problema por parte de la Xunta, sus consellerías y agencias específicas. Lejanía que evidencia una limitada política industria, y de coordinación de los esfuerzos de los distintos actores implicados (privados y públicos) en la dotación de suelo e infraestructuras. Política y gestión necesarias para establecer con nitidez cuales son las acciones impulsoras de un desarrollo económico imprescindible. Cierto que la Xunta ha desarrollado actuaciones en zonas del interior de Galicia con la potenciación de parques que no sólo dotaron de suelo industrial a esos entornos sino que pretendieron fijar población en ellos, además de evitar una dispersión desordenada de naves en el territorio. Y si bien no es adecuado reproducir la polémica, y la distorsión económica que supuso la creación de tan sólo dos polígonos industriales (A Coruña y Vigo) en los planes de desarrollo de los años 60, no se puede, especialmente por el Gobierno gallego, ignorar las necesidades urgentes que zonas económicas de mayor desarrollo como Vigo tienen de suelo industrial para consolidar economías de escala y aprovechar las sinergias empresariales con un entorno espacial común. Porque es en estos hechos donde se manifiesta la política -adecuada o insensata-, y se logra, o no, remediar el deterioro poblacional y económico del país.