PUES MAL. Qué quiere que le diga. Ya que me lo pregunta, muy mal. Para qué vamos a engañarnos. Más que mal, fatal. Porque no veo que se haya arreglado el problema de Irak, no veo que tenga usted una idea clara sobre su futuro. Y tampoco veo que la situación mejore, pese a todas las lecturas triunfalistas. Así que mal. Muy mal. Ésta, más o menos, mejor dicha y con ese talante empalagoso que le caracteriza, debía de haber sido la respuesta. La que le diera el presidente Rodríguez Zapatero al norteamericano George W. Bush cuando, así de pasada como quien no quiere la cosa, y al tiempo que le daba un apretón de manos, lo saludó con un escueto Hola, ¿qué tal, amigo? Pues mire. La verdad, la verdad es que la cosa no puede ir peor. Al margen de que podríamos discutir largo y tendido sobre las elecciones, cada día siguen muriendo en Irak decenas de personas. La tensión no parece rebajarse y ustedes no sólo dan el caso por cerrado, sino que además ya les ronda por la cabeza otras hazañas bélicas. Mire, míster Bush, ya que me lo pregunta, mi respuesta es mal. Porque se han despachado las responsabilidades de las torturas mirando hacia otro lado. Han cometido las mayores atrocidades en suelo iraquí. Y veo que siguen haciendo en Guatánamo lo que les viene en gana. En fin, señor presidente, porque usted me preguntó qué tal, le respondo. Muy mal. Porque nos dijo que había armas de destrucción masiva. Y no las había. Porque nos dijo que iba a democratizar el país. Y no lo democratizó. Y porque nos dijo que iba a pacificar la zona. Y tampoco la pacificó. Así que no me lo vuelva a preguntar. Porque entonces le tendré que responder que mal. Muy mal. Porque es usted un mentiroso. Y lo que es peor. Usted es el responsable de la muerte de miles y miles de personas. Así que no me pregunte qué tal.