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LOS ASESINATOS del 11-M en Madrid y la ausencia de atentados con víctimas a cargo de ETA casi nos habían trasladado la sensación de que el terrorismo vasco formaba parte del pasado. Los comandos eran detenidos en cuanto se movían por las cercanías de la frontera hispano-francesa. Los dirigentes con más peso, encarcelados, habían hecho público manifiesto de su desánimo, los batasunos con escaño en el Parlamento Vasco parecían decididos a emprender un proceso político y ausente de violencia. La juventud «alegre y combativa» de la guerrilla urbana había desaparecido. Mi estancia en Euskadi me ha permitido conocer de primera mano la situación. Hay ambiente de negociación: Salida de los presos. Alto el fuego. Rechazo de la violencia como instrumento para lograr lo que, a la postre, contiene el documento de Ibarreche. Búsqueda de una fórmula para que la izquierda abertzale pueda presentarse a las elecciones vascas. La mesa de negociación puede tener como comensales a un socialista guipuzcoano, Arnaldo Otegui y Josu Ternera. Siempre he creído que Ternera puede ser el hombre clave que sea capaz de representar a la inmensa mayoría de las tres organizaciones: presos, clandestinos, legales. Una vez desaparecidos Amboto y Anza. Tiene razón el presidente del PNV cuando dice en Madrid que las negociaciones con ETA hay que negarlas. A la postre lo que importa es encontrar un camino que lleve a la paz. Era lógico que hasta que Ibarreche presentara su Plan en el Congreso de los Diputados, no habiera muertos que empañaran la estrategia del nacionalismo, que requería del evento televisado del Plan Ibarreche para Euskadi, nada menos que desde el centro de la vida política del Estado español. Recordaba a Mateo Moraza, mítico personaje con estatua en Vitoria, que defendió los Fueros en las Cortes, justo en el momento de la abolición. La incógnita está en la presencia de esos comandos con instrucciones de «poner muertos sobre la mesa». ¿Son gentes no controladas por Ternera y partidarias de seguir la lucha? ¿Son gentes que necesitan dar moral a una organización en franca decadencia? ¿Son la nueva generación de pistoleros que han aprovechado la tregua no declarada para reorganizarse y volver a las andadas? A todo esto, nunca ETA soñó con que un lendakari se atreviera a llevar la cuestión vasca hasta donde está a punto Ibarreche de lograr el refrendo de las urnas.