Adelante sin complejos

OPINIÓN

LOS QUE HEMOS votado ayer (42,3% del censo) somos los mejores ciudadanos de España y de Europa. A estas horas ya no importa que hayamos dicho sí, o no, o votado en blanco. Lo que vale es que, gracias a nuestro civismo y participación, podemos seguir adelante con el más fantástico proyecto que ha parido Europa en los últimos siglos. Por eso es importante que no nos dejemos condicionar por los que no han hablado, por los que han dedicado más tiempo a comentar el gol fantasma de Orbaiz que a informarse sobre la Constitución refrendada, y por los que quieren que su silencio, voluntario y cicatero, se interprete ahora como un mensaje político con instrucciones de futuro. Lo específico de Galicia es el enorme varapalo recibido por el BNG, que, empeñado en darle la espalda a todo proceso de construcción de futuro, vio como el electorado gallego le daba la espalda una vez más, participando por encima de la media (43,04%), diciendo «sí» al nivel de los más entusiastas (81,3%), y dejando el «no» convertido en una patata caliente (12,2%) que ya no podrá enfriarse antes de las elecciones autonómicas. A esta estrategia suicida elegida por el BNG le llaman en Forcarei «buscar o pau para o lombo», y por eso creo que le hacemos un favor al país si, en vez de buscar paños calientes para rebajar el alcance de un error cantado, apuramos al máximo el significado de una derrota que resucita el fantasma de otra mayoría del PP. Lo que llama la atención en España es el empeño del PP en apuntarse dos victorias a un tiempo: el «sí» (76,7%), que comparte con los socialistas y con los nacionalistas catalanes y vascos, y la abstención (57,6%), que Acebes trató de apropiarse, burdamente, en detrimento del Gobierno y de Rodríguez Zapatero. El porcentaje de voto alcanzado (42,3%) salva el referéndum con razonable éxito, y el sentido europeísta de los votantes efectivos queda fuera de toda duda, incluso en Euskadi (62,6%) y Cataluña (64,6%). Por eso no tiene explicación que también Rajoy haya empañado la fiesta del «sí» jugando a dos barajas. La abstención es un derecho democrático indiscutible. Pero, lejos de servir para decir cosas enjundiosas, sólo arroja oscuridad sobre una opinión que ha de construirse mediante la participación. Por eso quiero celebrar el éxito del referéndum europeo pidiendo que, en el plano estricto de la opinión pública, haya tolerancia cero con los que no hablaron. Que se respete su derecho, pero que nadie les construya gratuitamente el discurso que no quisieron hacer. Porque toda la libertad y el bienestar que tenemos los hemos ganado en las urnas, y no debemos permitir que nadie nos retrase el camino a base de complejos.