UNA VEZ MÁS no hemos entendido al presidente Fraga. Quizás porque seguimos siendo demasiado suspicaces y retorcidos. Tampoco Aznar parece haberlo entendido. Cuando Fraga admitió el jueves que la Xunta no tuvo el suficiente apoyo del gobierno amigo durante la catástrofe del Prestige , no quiso decir lo que todos entendimos. Nos estaba diciendo otra cosa, transmitiendo otra idea. Porque eso de que el gobierno central nos dio la espalda en el peor momento, lo dijimos los gallegos que no somos idiotas y nos acusaron de mentirosos. Por eso no puede venir ahora, dos años y medio después, el presidente Fraga a decir lo que entonces negó. Lo que también negaron Pita, Orza, López Veiga, Pérez Varela, Fernández de Mesa, Mariano, Ana Pastor, toda la escolanía popular, los ordenanzas de todas las consellerías y los remeros del Volga. No puede venir ahora el presidente a decirnos que quien hoy se dedica a la enseñanza en Georgetown y todo su gabinete incumplieron sus obligaciones. Sobre todo porque se cansaron de descalificar e insultar, porque nos ahogaron en propaganda y porque repartieron medallas y condecoraciones por los servicios prestados. Si Fraga hubiese dicho lo que todos creímos entender, es decir, que Galicia estuvo sola mientras la embadurnaban con chapapote, que no lo dijo, pero si lo hubiese dicho, estaríamos ante una afrenta. Y eso no puede ser. Así que a ver si nos aclaramos. Fraga no dijo lo que entendimos que dijo. Si lo hubiera hecho, el alto sentido de la dignidad de los que sostuvieron lo contrario, les impediría continuar un minuto más en el cargo. Y marcharían inmediatamente pidiendo perdón. Pero ahí siguen. Porque Fraga no dijo lo que entendimos que dijo.