Tres razones

OPINIÓN

EXISTEN otras muchas, pero hay al menos tres que debemos tener en cuenta. Es cierto que en los últimos días soportamos todo un aguacero de argumentos en un sentido y en otro. No lo es menos que algunos de ellos nos resultaron churrierescos. Suele ocurrir a los que defienden una postura sin saber muy bien por qué. Pero llegados a este punto cabe la posibilidad de echar mano de tres elementales razones. Primera razón. No es cierto que el Tratado Constitucional de la Unión Europea vaya a conducir al mundo «hacia el ideal de la paz perpetua», como dijo el indigesto Zapatero. Tampoco le pedimos tanto. El texto que se somete a referendo este domingo no es más que un nuevo compromiso, importante eso sí, en el larguísimo camino de la construcción europea. Camino que aún ha de resultar dificultoso, pero que nos llevará a donde se pretende. Que es a lograr un gran espacio común en el que se establezcan las normas para un modelo de convivencia ejemplar. Si hoy ya nos resulta imposible entender nuestras vidas sin Europa, parece coherente realizar un nuevo esfuerzo para que el proyecto tenga continuidad. Segunda. Los gallegos, especialmente, hemos de ser agradecidos con Europa y con los europeos. Porque nos han ayudado a llegar hasta aquí y a levantar, en gran medida, el país que estamos levantado. Es cierto que tuvimos que pagar, en algunos casos, precios elevados. Pero no lo es menos que la solidaridad europea nos permitió construir carreteras y autovías, promocionar nuestra riqueza turística, proteger nuestras escasas industrias y hasta celebrar sardiñadas . Así que no somos los gallegos los más indicados para poner ahora palos a la rueda. Tercera razón. Si algunos obispos propugnan la abstención. Y Federico Jiménez Losantos pide el no. Entonces lo tenemos claro. Hay que votar sí.