Votar inteligente

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

EL REFERÉNDUM de la Constitución europea proporciona la oportunidad de un ejercicio democrático informado e inteligente. Y ello a pesar de algunos intereses en forzar maniqueos en nuestra vida colectiva: los buenos y sensatos ciudadanos que dicen sí y los que, en medio de un insoportable olor a azufre infernal, se atreven a dudar o proponer matizaciones. Los partidos, sin embargo, ofrecen toda clase de posicionamientos, desde el sí incondicional hasta el «no pero sí» o el «sí pero no», pasando por el doble lenguaje de la boca grande y de la pequeña. Y hasta la Iglesia ha divulgado la ambigua prescripción de que vale tanto no ir a votar como hacerlo con un sí, con un no o en blanco. Todo ello es una vacuna contra el vicio de transformar los referendos en plebiscitos. Y una incitación a pensar por uno mismo. A fin de cuentas, como dice Michel Tournier, «la inteligencia es la facultad de relativizar los absolutos que nos ofrece, en bruto, la experiencia».