APENAS han pasado 48 horas del accidente de Todolella y ya han pedido expedientes sancionadores. Han tenido que transcurrir una docena de días, por el contrario, para que el alcalde barcelonés se refiriera a la buena disposición de la Generalitat para crear una comisión de investigación sobre los derrumbes en el barrio del Carmel. Es evidente que en el primer caso ha habido muertes, pero la impresión inicial apunta a un simple error humano. En el segundo no hay víctimas mortales, por fortuna, pero un millar de familias se han instalado en la desesperación y más de medio centenar de comercios están en la ruina y los indicios primeros hablan de una gravísima negligencia. Voces y plumas ofendidas se han alzado en número suficiente ante la estupidez de Maragall de comparar aquella catástrofe con la del Prestige. Nada tienen que ver, pero sí está la misma raíz en las dos: el prestigio tocado. Un hombre del crédito de Maragall, intelectual reconocido, no ha tenido el cuidado que su responsabilidad le exigía para que la obra del túnel del Carmel se hiciera con garantías. Y le ha faltado sensibilidad para atender a las víctimas a tiempo, lo cual recuerda al caso del maldito petrolero hundido en nuestras costas. Una pregunta inevitable es saber qué habría hecho el refinado Maragall si el gravísimo error se hubiera producido con un gobierno de otro signo, fuera de CiU o del PP. El protagonista no estaría inmaculado como él, dos semanas después del suceso. Otra catástrofe con epicentros en Cataluña y Galicia ha pasado ante nuestros ojos. El juez Vázquez Taín ha tenido que dejar Arousa para irse a Mataró, a pesar de las protestas de vecinos en general y asociaciones contra la droga en particular. La Xunta le recupera para un puesto de designación, una dirección general. Inicia un periplo semejante al del juez estrella por antonomasia. Confiemos en que los próximos episodios y el final de la historia no sean a costa del prestigio de este juez admirado por tantos.